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Se aprobó convención internacional sobre los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura El sábado 3 de noviembre, al caer la tarde, la Conferencia de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), aprobó en su asamblea general un Tratado Internacional sobre los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura. La FAO considera que la convención garantizará un uso más eficaz de la diversidad genética para hacer frente al desafío de la erradicación del hambre en el mundo. La convención se aprobó con 116 votos a favor, y las abstenciones de Estados Unidos y Japón, y entrará en vigor cuando lo ratifiquen al menos 40 naciones. La delegación de EE UU intentó anular algunas de los artículos más controvertidos, y adelantó que su congreso seguramente no ratificará la nueva convención. La FAO adelanta que el la nueva convención es un acuerdo internacional jurídicamente vinculante, que ofrece un marco para garantizar el acceso a los recursos fitogenéticos, a conocimientos y tecnologías relacionadas, así como a los fondos comprometidos internacionalmente. El Director General de la FAO, Jaques Diouf, declaró que "El Tratado Internacional sobre los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura es la encrucijada donde se encuentran la agricultura, el medioambiente y el comercio. Es un instrumento internacional de primer orden que reconoce el significado del acceso y el reparto de beneficios como la base para el uso continuo y sostenible de los recursos fitogéneticos en la alimentación y la agricultura". Agregó que la aprobación del acuerdo "es una piedra angular de la cooperación internacional. Representa el feliz resultado de las prolongadas negociaciones que comenzaron en noviembre de 1994 entre los estados miembros de la FAO", agrega Diouf. Es muy importante subrayar como hecho positivo contar desde ahora con un convenio internacional específico para regular el manejo de los recurso fitogenéticos. Hasta ahora las regulaciones internacionales dependían de acuerdos más vagos, por un lado aquellos emanados del Compromiso Internacional sobre los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura (adoptado por la Conferencia de la FAO en 1983) y la Convención para la Diversidad Biológica (1992), y por el otro, de las provisiones de la Organización Mundial del Comercio y su Ronda Uruguay que eran esencialmente comerciales. Hasta ahora han prevalecido las presiones para patentar o asegurar otros derechos de propiedad intelectual sobre plantas y sus recursos genéticos. Ante este problema, la nueva convención indica que aquellos que reciben germoplasma no pueden reclamar ningún derecho de propiedad u otros derechos que limiten un acceso facilitado a los recursos genéticos. Los EE UU trataron de anular esa cláusula, pero sólo recibió otros 9 apoyos (como Japón, Canadá, etc.) con 97 votos en contra. Sin embargo, frente a las relaciones con la OMC, especialmente sus acuerdos en derechos de propiedad intelectual (TRIPs), no se incluyeron medidas específicas. En el Preámbulo de la nueva convención se sostiene que el acuerdo no implica cambios en los derechos y obligaciones asumidos bajo otras convenciones internacionales, ni busca crear una jerarquía entre esas convenciones. De esta manera los dos acuerdos coexisten al mismo nivel, pero como la salvedad se encuentra en el Preámbulo y no en el articulado, su vigor ya ha desencadenado dudas. El problema clave se refiere a disputas, donde por un lado se puede invocar patentar recursos genéticos bajo la OMC, y por el otro reclamar el libre acceso desde la nueva convención sobre recursos fitogenéticos. El nuevo tratado establece que las disputas que no pueden ser solucionadas por la negociación, mediación o arbitraje, deberán ser derivadas a la Corte Internacional de Justicia.
En
la aprobación de la nueva convención participaron los países
Latinoamericanos, habiendo realizado intervenciones Bolivia en nombre del
GRULAC, además de Argentina,
Brasil, Colombia, México, Perú, Uruguay, y Cuba en nombre del G-77 y
China. Las Organizaciones de la Sociedad Civil presentes en el encuentro consideraron que la convención es un paso adelante, aunque indicaron que es débil. En especial se lamentaron por haber establecido que los Derechos de los Agricultores quedaron subordinados a las leyes nacionales, que el apoyo financiero para el cumplimiento que los países ricos derivarán a los pobres es insuficiente, y de aplicación que no es universal a todas las especies de plantas. En su versión actual el tratado es todavía insuficiente para asegurar la conservación y acceso equitativo a los recursos genéticos. De todas maneras, las ONGs consideraron que es un paso adelante y alentaron a los países a comenzar a ratificar la convención, dejando en claro que se abren nuevos caminos de arduo trabajo, especialmente para acordar las implementaciones de los derechos de propiedad, las relaciones de la convención con otros tratados, mecanismos de financiamiento, etc. Es importante subrayar que se cuenta ahora con un acuerdo internacional, del mismo nivel de jerarquía que los acuerdos comerciales, pero en este caso centrado en la agricultura y la suficiencia alimentaria, desde el cual se puede avanzar a relaciones más equitativas y asegurar la conservación de los recursos genéticos. El nuevo Tratado es el resultado de la revisión negociada del acuerdo previo, el Compromiso Internacional sobre los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura que fue adoptado por la Conferencia de la FAO en 1983, como un instrumento para fomentar la concordia internacional sobre las materias relativas al acceso a los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura. Reconoce que los derechos de los agricultores son complementarios de los derechos de los fitomejoradores. Ciento trece países adhirieron al primitivo Compromiso Internacional, que pretende "garantizar que los recursos fitogenéticos de interés económico y/o social, especialmente para la agricultura, serán explorados, defendidos, evaluados y puestos a disposición para propósitos científicos y de fitogenética". El Tratado Internacional está patrocinado por la Comisión de Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura (CRGAA), un foro permanente para la discusión creado en 1983 y compuesto en la actualidad por 160 países miembros. Desempeña en la actualidad la función de Comité Transitorio para el Nuevo Tratado Internacional, hasta que éste entre en vigor. El profesor José Esquinas-Alcázar, Secretario de la Comisión ha subrayado "los temas técnicos, sociales, económicos, políticos y éticos que tienen que ver con la conservación y la utilización de los recursos fitogenéticos ". El profesor Esquinas-Alcázar ha agregado que a pesar de la aprobación del Tratado Internacional "la tarea que queda todavía por hacer es enorme dada la necesidad de garantizar que los recursos genéticos y las tecnologías locales utilizadas por generaciones de agricultores sean complementadas y potenciadas por las nuevas tecnologías en lugar de ser amenazadas o sustituidas por ellas". La duración que han tenido las negociaciones refleja la dificultad de llegar a acuerdos en las cuestiones relativas a los derechos de propiedad intelectual y la lista de cultivos incluidos en el Tratado. A pesar de todo, el Tratado muestra el amplio compromiso internacional que tanto las tecnologías tradicionales como las modernas deben estar al servicio de la humanidad, en particular para aliviar el hambre y promover el desarrollo sostenible en los países en desarrollo. Más informaciones: Los comunicados y textos del acuerdo están disponibles en el sitio de FAO www.fao.org
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Poniendo los recursos fitogenéticos y sus beneficios al alcance de todos |