Hal el coyote causa estupor en Central Park

Por Diego Martino

Días atrás los neoyorquinos vieron un coyote en Central Park y se desató una gigantesca cacería en uno de los parques urbanos más famosos del mundo.

El joven coyote, apodado Hal, pesaba unos dieciséis kilos y fue perseguido por decenas de policías de a pie, en auto y hasta con helicópteros. La cacería fue además acompañada por varios helicópteros de medios de prensa que transmitieron en directo el evento. Sólo luego de varias horas de cruzar cercos, puentes, y hasta una pista de patinaje, se logró capturar al animal y restaurar la “normalidad” en el parque.

Este evento se suma a otros varios menos publicitados que involucran la presencia de animales en parques urbanos. En muchas ocasiones autoridades públicas son llamadas a remover estos animales de los parques por temor a ataques a los usuarios. Esto sucede con animales que van desde osos en el norte estadounidense y en Canadá hasta mapaches. Si bien no existen casos de coyotes que ataquen a humanos, de hecho estos animales están presentes en muchas ciudades norteamericanas pero escapan a la presencia de los humanos. Se da una histeria generalizada cuando un animal es detectado en un parque, y el público y la prensa no quedan tranquilos hasta que se notifica la aprehensión del sujeto en cuestión.

Cuando se avista un animal en un parque y se llama a las autoridades a restablecer la normalidad no se consideran varios factores importantes:

1) La presencia de esa especie en la zona es previa a la existencia de la ciudad. Algunas especies logran resistir la expansión urbana y utilizan los parques urbanos como refugio, otras están escapando de otros desarrollos urbanos y no tienen más alternativa que moverse hacia áreas pobladas. No es el animal el invasor sino lo contrario.

2) La casi totalidad de las especies que puedan encontrarse en estos parques, con la excepción de osos en contadas ciudades del norte del continente, no atacan a los seres humanos, sino que huyen de estos por miedo a las consecuencias del encuentro.

3) Muchas de esas especies son necesarias para mantener la biodiversidad del parque. El coyote es un caso ejemplar, su presencia logra que las poblaciones de otras especies como los mapaches no exploten y diezmen por ejemplo las poblaciones de pájaros que los habitantes urbanos tanto aprecian.

Eventos como el del coyote en Central Park demuestran que para los habitantes urbanos la naturaleza sigue teniendo una existencia remota, se valora la existencia del parque, se valora su efecto como purificador de la ciudad, como lugar de esparcimiento y como “zona verde”, pero no como área natural. Desde el momento en que esta naturaleza pasa a estar “descontrolada” se exigen medidas de control inmediatas, atrapar el coyote es solo un ejemplo.

Tiempo atrás se encontró una pareja de halcones peregrinos que anidaron en un edificio cercano a Central Park. El caso tomó estado público cuando se supo que la pareja logró procrear varios pichones en ese nido y alimentándose con el parque central y la ciudad como hábitat. Al poco tiempo los administradores del edificio lograron un permiso de la ciudad para remover el nido por cuestiones de higiene, y pese a la oposición de varias organizaciones de protección el mismo fue quitado del edificio y no se volvieron a ver los halcones peregrinos en la zona.

Estos parques urbanos de gran extensión deberían aprovecharse para invitar a un mayor intercambio entre los seres humanos urbanos y la naturaleza, aceptando que la naturaleza es impredecible, que encontraremos animales “simpáticos” y otros que la sociedad por razones culturales acepta un tanto menos –como es el caso de algunos predadores como comadrejas, zorros, etc.

Existen iniciativas como en el caso de la ciudad de Los Angeles en que se está promoviendo una visión de los parques en que se toman en cuenta aspectos de recreación, conservación y manejo hídrico. Para lograrlo es importante educar a la población sobre la importancia de los parques urbanos y de la naturaleza que en ellos convive.

El caso del coyote en el Central Park debió haber sido visto como un logro, quizás este sea uno más entre tantos que sin duda habitan el parque, quizás haya cruzado utilizando vías férreas y era el primero de varios que repoblarían el parque. Cualquiera sea el caso las autoridades y la prensa en su ansiedad por tranquilizar parecen haber perdido una oportunidad de educar.

D. Martino es analista de información en CLAES D3E. Publicado el 24 de marzo de 2006.
Se permite la reproducción siempre que se cite la fuente.

 
 

Regresar a Biodiversidad - Regresar a Ambiental.net