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Nuevos ecosistemas: ¿Qué hacer con ellos?
Diego Martino
Sobre fines del 2006 Global Ecology and
Biogeography publicó un interesante ensayo sobre lo que llaman nuevos
ecosistemas. En este artículo dan algunos lineamientos para definir estos
ecosistemas y discuten las implicancias sobre su existencia y el manejo de los
mismos.
Definen a los nuevos ecosistemas como aquellos que contienen una “composición de
especies y abundancias relativas que no han ocurrido en el pasado en ese bioma”.
Las características clave son (1) novedad: “nuevas combinaciones de especies con
el potencial de cambiar el funcionamiento del ecosistema”, y (2) influencia
humana: ecosistemas resultantes de la intervención humana, “pero que no dependen
de la misma para su mantenimiento”.
Otras importantes variables descritas en el artículo son las escalas temporal,
espacial, y los puntos de quiebre en los equilibrios de los ecosistemas. Los
autores sugieren que la modificación de ecosistemas tiene milenios de historia y
que nuestro foco debería estar en cuestiones relativas al valor de los nuevos
ecosistemas en relación a otros ecosistemas.
Con respecto a la escala espacial, sugieren que debe tomarse una escala de
paisaje ya que “las dinámicas de un ecosistema emergente son determinadas por el
transporte y movimiento de organismos en el paisaje, y estos mismos ecosistemas
pueden actuar como fuentes de propagación hacia otros ecosistemas”. En
referencia a los puntos de quiebre, los autores se refieren no a cambios a
equilibrios alternativos dentro del ecosistema natural, sino a cambios a un
estado nuevo, causado, por ejemplo, por una invasión de nuevas especies. Los
cambios pueden estar basados en quiebres bióticos o abióticos. En ese sentido,
Hobbs presenta un gradiente de degradación, en el cual el quiebre biótico se
presenta como previo al quiebre abiótico, éste último representaría un mayor
nivel de degradación (Hobbs 2007).

Figura 1
Como puede verse en la figura 1, los nuevos
ecosistemas se encuentran en el medio de un gradiente entre ecosistemas
silvestres y ecosistemas con manejo intensivo. Uno de los aspectos más
interesantes de la figura está dado por la dirección de los cambios desde los
nuevos ecosistemas, ésta puede ser hacia cualquiera de los dos extremos del
gradiente, pero se enfatiza el signo de interrogación. El mismo ilustra la
incertidumbre que se tiene con respecto al manejo de estos ecosistemas.
Comienza aquí uno de los temas de mayor interés del artículo: ¿Como deben
manejarse estos ecosistemas y con que objetivos? Los autores se preguntan hacia
donde debe ser guiado el sistema, tanto si está en transición como si ya está
estable. Se parte de la base de que será muy difícil lograr que estos sistemas
sean retornados a un estado más natural debido a los costos y el esfuerzo
necesario.
Los autores consideran importante comenzar a manejar este tipo de ecosistemas,
más allá de que en muchos casos se sabe que no podrán retornar a su estado
“natural”. Lo hacen desde la convicción de que es necesario comenzar a prestar
atención a ecosistemas con mayor grado de degradación, y de que se debe
sustituir la dicotomía hombre-naturaleza por un mejor entendimiento de cómo los
seres humanos interactúan con la naturaleza.
Comprendida la lógica, y más allá de estar de acuerdo o no con ella, resta
preguntarse con qué objetivo se manejan estos ecosistemas. Los autores no llegan
a contestar esta pregunta, y tan solo sugieren algunas interrogantes a explorar
a futuro y aseguran que deben ser manejados para beneficio de la sociedad,
valoración que puede ser considerada por demás antropocéntrica.
El grado de modificación del nuevo ecosistema hace que difícilmente el objetivo
de manejo sea la “restauración”. Sin embargo, discusiones en el marco de la
disciplina de la ecología de la restauración pueden servir para orientar el
manejo de dichos ecosistemas.
La ecología de la restauración ha recibido múltiples criticas en el pasado,
siendo calificada como “el sustituto New Age de la psiquiatría”, o la “costosa
auto-indulgencia de las clases altas” (ver Choi 2007). Sin embargo, existen dos
características salientes de la discusión sobre la ecología de la restauración
que la vinculan a la discusión descrita más arriba sobre nuevos ecosistemas.
Por un lado está el reconocimiento de que la ecología de la restauración es “una
ciencia aplicada, como la ingeniería, que tiene un vínculo directo con los
intereses humanos”. Por ende los objetivos de la restauración están
influenciados por intereses sociales y se deben considerar rehabilitaciones
ecológicas funcionales en lugar de restauraciones de un pasado nostálgico (Choi
2007: 352). Choi hace un uso deliberado de la palabra rehabilitación en lugar de
restauración. La palabra rehabilitación denota la intención de restablecer
ciertas funciones ecológicas y no volver el ecosistema a un pasado pre-
disturbio.
Por otra parte Miller y Hobbs (2007), en su ensayo dedicado a analizar cuanto
sabemos acerca de la restauración de ecosistemas, hacen un análisis de los
objetivos de la restauración de hábitat. Por hábitat se refieren no a áreas de
vegetación similar como cuando uno se refiere a “tipos de hábitat”, sino a un
“área con una particular combinación de recursos y condiciones ambientales
requeridas para que individuos de una determinada especie o grupo de especies
puedan llevar a cabo el proceso de vida” (382). Miller y Hobbs sugieren una
serie de pasos para llevar a cabo un proceso de restauración. El primero de
ellos es la selección de especies focales o blanco. El siguiente paso es
identificar los recursos bióticos y abióticos necesarios para la persistencia de
dichas especies.
Luego de identificadas las especies focales o con necesidades de conservación, y
las características del nuevo ecosistema y sus recursos bióticos y abióticos,
resta hacer una suerte de acoplamiento. Una vez encontradas las “parejas”, los
objetivos secundarios, ya que el primario es la conservación de la especie
seleccionada, y las opciones de manejo se vuelven mas sencillas de llevar a
cabo, será necesario encauzar el nuevo ecosistema hacia características que
favorezcan la sobrevivencia de las especies focales en sus distintas etapas del
ciclo de vida.
Considerando que algunas de las especies focales pueden llevar su ciclo de vida
en distintos hábitat, es necesario tomar consideraciones a escala de paisaje.
Aquí los ecosistemas nuevos pueden ser manejados para hacerlos más permeables y
de esa forma mejorar la conectividad entre parches, o proveer recursos para
determinadas etapas del ciclo de vida de algunas especies.
La existencia de ecosistemas nuevos “imposibles” de “restaurar”, en conjunto con
el reconocimiento de los valores antropocéntricos de la restauración, no
necesariamente deben llevar a concluir que el manejo de estos ecosistemas deba
tener como objetivo únicamente la satisfacción de necesidades humanas. En la
literatura relacionada con la conservación y restauración de ecosistemas urbanos
es corriente sugerir varios “usos” simultáneos para un mismo ecosistema, área,
parque o hábitat. Un parque utilizado para recreación puede cumplir, por
ejemplo, importantes funciones de corredor para algunas especies si se incluye
vegetación con la estructura adecuada. A su vez, esa vegetación y ese parque
pueden estar cumpliendo con funciones de regulación hídrica muy importantes en
una matriz de superficies duras.
El manejo de ecosistemas nuevos no debe perder de vista que dentro del gradiente
de ecosistemas “silvestres” a “degradados” existe gran cantidad de especies que
dependen de la permanencia de estos ecosistemas. Prueba de ello es el impacto
que el abandono de ecosistemas agroproductivos está teniendo en varias partes de
Europa, principalmente en el Reino Unido.
Fuentes:
Hobbs, R., Arico, Salvatore., Aronson, J., Baron, J., Bridgewater, P., Cramer,
V., Epstein, P., Ewel, J., Klink, C., Lugo, A., Norton, D., Ojima, D.,
Richardson, D., Sanderson, E., Valladares, F., Vila, M., Zamora, R., y Zoble, M.
2007. Novel Eocystems: theoretical and management aspects of the new ecological
world order. Global Ecology and Biogeography 15: 1- 7.
Hobbs, R. 2007. Setting effective and realistic restoration goals: key
directions for research. En Restoration Ecology 15 (2) 354-357.
Choi, Y. 2007. Restoration Ecology to the future: A call for new paradigm. En
Restoration Ecology 15 (2): 351-353.
Miller, J., y Hobbs, R. 2007. Habitat restoration – do we know what we are doing?
En Restoration Ecology 15 (3): 382-390.
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