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La Duma de Rusia ratificó el tratado Protocolo de Kyoto: A un paso de entrar en vigor Siete años después de su nacimiento, el Protocolo de Kyoto, acuerdo
internacional para reducir emisiones, se halla en un punto crucial de su historia: el Parlamento ruso lo aprobó el 22 de Octubre con 334 votos a favor y
73 en contra. Después que la Cámara Alta le dé luz verde y el presidente ruso,
Vladimir Putin, lo firme, este acuerdo -nacido en la japonesa ciudad de Kyoto
en 1997- entrará automáticamente en vigor. Su objetivo es la fijación de metas
vinculantes para reducir las emisiones causantes del efecto invernadero. Después
de que Estados Unidos, el principal emisor de CO2, se negara en 2001 a ratificarlo, de Rusia dependía su arranque. Hasta ahora los 123 países que lo habían ratificado reunían sólo un 44% de las
emisiones mundiales de 1990, año base de las estipulaciones del Protocolo de
Kyoto. Con el 17,2% que aporta Rusia, se logra el 55% necesario para que el
tratado tenga carácter obligatorio. La meta es reducir en un 5,2% entre el 2008
y el 2012 los seis gases principales causantes del efecto invernadero. La reducción general de las emisiones se divide por grupos de países y además son
negociables. Así, por ejemplo, para la Unión Europea se estipula un 8% de
reducción general, pero Alemania reduciría en un 21%, y países menos Desde que se firmara Kyoto en 1997, las principales objeciones de Moscú han sido económicas. En el año 1990, todavía existía una URSS de consumo energético enorme y de emisiones de igual volumen. Los posteriores cambios políticos alteraron la situación, posibilitando que tanto Rusia como el resto de países que conformaban el bloque soviético puedan entrar al mercado de "aire caliente", como se denomina a los derechos de emisión que corresponden a cada país suscribiente. Sin embargo, la negativa de Estados Unidos -el principal emisor de gases de efecto invernadero-, y con ello su ausencia del mercado de "derechos de emisión", dejó a Moscú sin su principal cliente y el precio al que pueda venderlos será inferior pues habrá menos demanda, ya que la Unión Europea negociará hacia adentro de sus fronteras. Si bien Europa ha ejercido presión para insuflar vida a un tratado moribundo, ésta ha tenido su precio: la aceptación de Rusia en la Organización Mundial de Comercio. Hecho el canje, el momento de lucir como salvador de un acuerdo de suma importancia para el medio ambiente no podría ser mejor.
Basado en reportes de Deustche Welle; 22 octubre de 2004. |