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EL COLAPSO ENERGÉTICO QUE SE AVECINA
Michael T. Klare
Los datos publicados por las principales
compañías petroleras acerca de su comportamiento del año previo, rara vez
generan mucho interés fuera del mundo empresarial. Pero con la elevación
perenne en los precios y cuando Big Oil publica ganancias récord, este año es
excepcional. Muchos medios de comunicación cubrieron el anuncio de las enormes
ganancias de Exxon-Mobil, la corporación pública más rica de la nación, y de
otras grandes firmas. Las entradas de Exxon, relativas a los últimos cuatro
meses del año pasado, suman 8 mil 420 millones de dólares, lo que representa
el ingreso cuatrimestral más grande jamás visto en empresa estadounidense
alguna.
''Esta es la compañía más rentable del
mundo'', declaró Nick Raich, director de investigaciones de Zacks Investment
Research en Chicago. Pero por más animados que sean los recientes anuncios para
mucha gente de Wall Street, contienen también una señal menos auspiciosa. Pese
a haber gastado miles de millones de dólares en exploración, las principales
empresas energéticas informan de pocos nuevos hallazgos y, como nunca, han
estado excavando en lo profundo de las reservas existentes. Si esta tendencia
continúa -y hay muchas razones para asumir que seguirá- el mundo se encamina a
un aplastamiento energético, severo y prolongado, en un futuro no muy
distante.
Para poner esto en perspectiva, tomemos
en cuenta que, hasta ahora, la industria petrolera global ha sido capaz de
incrementar su producción combinada año tras año, manteniéndose al ritmo de
la creciente demanda mundial. Es cierto, ha habido ocasiones en que la demanda
ha sobrepasado el abasto, lo que produjo escasez temporal y un aumento en los
precios de la gasolina que se vende en las esquinas. Pero la industria siempre
ha podido emparejarse de nuevo y satisfacer la insaciable sed mundial de crudo.
Esto ha sido posible debido a que las compañías energéticas mantuvieron una
constante y exitosa búsqueda de nuevas fuentes de petróleo que complementaran
las existencias extraídas de las reservas. Las reservas mundiales conocidas
contienen todavía mucho crudo -aproximadamente 1.1 billones de barriles, según
las estimaciones de los expertos- pero no pueden satisfacer indefinidamente la
creciente demanda global. Así, en ausencia de nuevos descubrimientos
importantes, enfrentamos una contracción gradual del abasto petrolero mundial.
Signos de un aplastamiento energético
En este contexto, las siguientes
informaciones, hechas públicas en meses recientes, adquieren gran significación.
• Conoco-Phillips, la amalgama de
Continental Oil y Phillips Petroleum, con sede en Houston, anunció en enero que
las nuevas adiciones a sus reservas petroleras de 2004 sumaban únicamente un
60-65 por ciento de todo el crudo producido ese año, lo que entraña un
vaciamiento significativo de tales reservas existentes.
• Chevron-Texaco, la segunda empresa
energética estadounidense después de Exxon-Mobil, informó también de un
desequilibro significativo entre su producción y la restitución de sus
reservas petroleras. Aunque no estuvo dispuesto a develar la naturaleza precisa
del déficit de la compañía, el ejecutivo en jefe, Dave O'Reilly, dijo a los
analistas que espera que su ''tasa entre las reservas de 2004 y la restitución
de las mismas, sea baja''.
• Royal Dutch/Shell declaró que el año
pasado había sobrestimado sus reservas de crudo y gas natural en 20 por ciento
y que recientemente bajaron sus existencias estimadas otro 10 por ciento, lo que
hace que su pérdida neta equivalga a 5 mil 300 millones de barriles de crudo.
Es aún más preocupante que Shell anunciara en febrero que había podido
restituir únicamente 45-55 por ciento del crudo y el gas producidos en 2004, lo
que representa una cifra inesperadamente desalentadora.
Estas informaciones y otras semejantes
sugieren que las principales compañías petroleras privadas no están pudiendo
descubrir nuevas fuentes promisorias de petróleo, justo cuando estalla la
demanda por sus productos. Según un estudio reciente publicado por PFC Energy,
de Washington, DC, en los últimos 20 años las principales firmas petroleras
han estado produciendo y consumiendo el doble del crudo que encuentran. ''En
efecto -dice Mike Rodgers, autor del informe- las existencias mundiales de crudo
son todavía muy dependientes de las posesiones de antaño, descubiertas durante
los tiempos de auge en la exploración''. Es cierto, las vastas reservas de petróleo
no explotado fueron descubiertas en aquellos ''tiempos de auge'', casi todas en
las décadas de los cincuenta y sesenta. Pero estas reservas, siendo finitas,
terminarán por agotarse y, si no se les restituye pronto, dejarán al mundo
ante un devastador aplastamiento energético.
La noción de que las existencias del
crudo mundial tienen mucha probabilidad de contraerse en los años venideros es
impugnada ardientemente por muchos de los analistas del gobierno y la industria,
que sostienen que hay muchos enormes yacimientos por descubrir. ''¿Es lo
suficientemente grande la base de los recursos (para satisfacer la creciente
demanda mundial)?, pensamos que sí'', afirmó en diciembre el presidente de la
Exxon-Mobil, Rex W. Tillerson. Pero otros expertos tienen dudas acerca de esas
afirmaciones y señalan las desalentadoras tasas entre las reservas y sus
restituciones.
''Ya se nos acabaron los buenos
proyectos'', dijo Matt Simmons, director del banco de inversiones petroleras
Simmons & Co. International. "No es un problema de dinero... Si estas
compañías tuvieran proyectos fantásticos, estarían allá fuera
[desarrollando nuevos campos petroleros]''.
Que las principales compañías
petroleras no avizoren nuevos yacimientos en los cuales invertir por ahora es
algo que queda sugerido en los informes donde se afirma que estas empresas
invierten sus colosales ganancias en mega fusiones o en programas de recompra de
acciones, y no en la exploración o en el desarrollo de yacimientos. Por
ejemplo, Exxon-Mobil gastó 9 mil 950 millones de dólares en comprar sus
propias acciones en 2004, mientras Chevron-Texaco invirtió 2 mil 500 millones
en hacer lo mismo. Entretanto, se dice que varias grandes compañías, incluida
Chevron-Texaco, le pusieron el ojo como posible adquisición a Unocal Corp., una
firma con sede en California. Conoco-Phillips anunció recientemente una inversión
de 2 mil millones de dólares en Lukoil, el gigante energético ruso. Estos
movimientos consumen los fondos que podrían haberse ido a la exploración de
nuevos yacimientos -lo cual es otro indicador de las menores expectativas que se
tienen en torno a nuevos hallazgos. ''Si tuvieran cosas atractivas en qué
invertir, invertirían hasta sus cabezas en ello'', explica el director
administrativo de PFC Energy, Gerald Kepes. Pero las grandes oportunidades
exploratorias del pasado ''se secaron en gran medida''.
Es cierto, por supuesto, que las grandes
firmas privadas en materia de energéticos se ven impedidas de invertir en México,
Venezuela y los países del Golfo Pérsico, donde el desarrollo de campos
petroleros es prerrogativa exclusiva de las compañías propiedad del Estado.
Por tanto, uno de los objetivos principales de la política energética del
gobierno de Bush es persuadir o forzar a estos países a que abran sus
territorios a la exploración por parte de las firmas estadounidenses -las
cuales, se alega, poseen el conocimiento tecnológico avanzado que haría
posible el descubrimiento de yacimientos desconocidos. Pero los
profesionales de los energéticos que manejan las compañías propiedad de los
Estados insisten en que no requieren ayuda externa para buscar crudo y que ya
tienen mapeadas las principales posibilidades de sus países. En ellos también
hay una disminución pronunciada de los descubrimientos en los últimos diez años.
El declive mundial de los nuevos
hallazgos tiene profundas implicaciones para el abasto global de energía y, por
extensión, para la economía mundial. Debido al repunte reciente en la demanda
de energía en China y otros países que se desarrollan con rapidez, el
Departamento de Energía estadounidense (DE) prevé que, para que puedan
satisfacerse todas las futuras necesidades energéticas, la producción mundial
de crudo debe crecer 50 por ciento entre hoy y el año 2025:de unos 80 millones
de barriles debe aumentar a 120 millones de barriles diarios. Siendo éste un
salto en la producción global, esos 40 millones de barriles extra, diarios,
equivaldrían al consumo diario total del mundo en 1969. Sin embargo, faltando
esos nuevos hallazgos, es muy probable que la industrial petrolera mundial no
pueda proveer esta energía adicional. Sin nuevos descubrimientos masivos de
crudo, los precios subirán, las existencias mermarán y la economía mundial se
hundirá en una recesión -o en algo peor.
¿Cuándo ocurrirá el clímax
de extracción petrolera?
Qué tan pronto ocurrirá el
aplastamiento energético y qué tan severo puede ser son materia de un debate
considerable. En gran medida, este debate gira en torno al concepto de ''clímax
petrolero'', o producción máxima sostenible diaria. En los cincuenta, un geólogo
del petróleo, M. King Hubbert, publicó una serie de ecuaciones que muestran
que la extracción de cualquier pozo o reserva de crudo seguirá una curva parabólica
en el tiempo. La producción aumenta rápidamente después de la perforación
inicial y luego pierde fuerza conforme la extracción alcanza su máximo, su
''clímax'' o ''pico'' -como se le conoce por lo común. Este se alcanza casi
siempre cuando se ha extraído la mitad del monto total del petróleo de dicha
fuente- después de lo cual la producción cae a una tasa de caída más y más
pronunciada. En 1956, y usando estas ecuaciones, Hubbert predijo que la producción
de crudo convencional (es decir líquido) en Estados Unidos tendría un pico o
clímax a principios de los setenta. Su predicción provocó mucha mofa en esa
época, pero le dio gran renombre cuando en efecto la extracción estadounidense
llegó a su nivel pico en 1972. Debido a los insuficientes datos que había
entonces, Hubbert no pudo aplicar sus ecuaciones a la producción no
estadounidense. Sin embargo, él predijo que la producción global -al igual que
la estadounidense- alcanzaría eventualmente su nivel pico y después iniciaría
su declive irreversible.
Hoy el concepto de nivel pico, o clímax
global de crudo, es ampliamente aceptado en el campo energético, pese a que el
debate sigue candente en torno a cuándo habrá de ocurrir en los hechos.
Aquellos que consideran que las existencias petroleras son abundantes tienden a
fijar esa fecha en el futuro, muy fuera de nuestras preocupaciones inmediatas.
El DE, por ejemplo, afirma en su International Energy Outlook 2004 (un documento
de perspectivas internacionales de energía) que espera que el ''clímax del
crudo convencional llegue hacia la mitad, y no al principio, del siglo XXI''.
Pero otros analistas no son tan sanguíneos. ''Es mi opinión que el nivel pico
ocurrirá a fines de 2005 o en los primeros meses de 2006'', dice el geólogo de
Princeton, Kenneth S. Deffeyes, en su nuevo libro, Beyond Oil.
Una estimación más conservadora es la
de Mike Rodgers, de PFC Energy, que localiza el nivel pico en algún periodo en
la vecindad de 2010 y 2015. Si cualquiera de estas predicciones resulta precisa,
las existencias globales de crudo nunca podrán trepar lo suficiente como para
satisfacer los elevados niveles de consumo proyectados por el DE para 2025 y más
allá.
En este asunto crítico la posición que
uno asuma depende de la estimación que cada quien haga de cuánto petróleo
poseía la Tierra originalmente. Algunos, como Deffeyes, que afirman que el
nivel pico llegará pronto, creen que el legado petrolífero sumaba, a grandes
rasgos, unos 2 billones de barriles al momento en que comenzó la perforación
comercial en 1859. Desde entonces hemos consumido unos 950 mil millones y hoy
nos estamos quemando 30 mil millones de barriles al año, lo que nos coloca en
el escenario de estar a la mitad de la extracción total del mundo -y como tal
el nivel pico de producción se halla a uno o dos años de distancia.
Otros, aquellos que piensan que el nivel
pico del crudo está todavía a distancia segura, alegan que el legado petrolífero
del mundo era más cercano a los 3 billones de barriles. Esta cifra, más
optimista, incluye los 950 mil que ya consumimos, las reservas ''probadas'' que
son de 1.15 billones y los yacimientos por descubrir, que se supone añaden
otros 900 mil millones de barriles. Esta última cifra, debe decirse, representa
el equivalente de todo el crudo conocido en Medio Oriente, Asia y África
combinadas.
¿Dónde pueden estar estas reservas
gigantes no descubiertas? No es ésta una pregunta inútil, pues las principales
compañías petroleras del mundo han tallado el mundo entero durante más de un
siglo en busca de nuevas fuentes de abasto -y en años recientes regresan
virtualmente con las manos vacías.
Es cierto, ha habido algunos hallazgos
impresionantes -en el orden de los mil millones de barriles- cerca de la costa
occidental de Africa, y se descubrió un yacimiento enorme (el campo de
Kashagan, con 10 mil millones de barriles) en el mar Caspio, en Kazajastán.
Los otros descubrimientos recientes han
sido relativamente pequeños, y con frecuencia se localizan en aguas profundas
en mar abierto o en algunas otras locaciones remotas donde los costos de
producción son altos. ''La razón por la que no crecen [las inversiones]'',
observa Mike Rodgers, ''es que en muchas regiones del mundo los yacimientos se
han vuelto tan pequeños que aunque fuera posible perforar un pozo y lograr una
tasa positiva de recuperación, el valor de incremento no significa tanto''. Por
supuesto, es concebible que Irak y Arabia Saudita alojen grandes yacimientos que
no fueron descubiertos en las primeras barridas. Tal vez pudieran localizarse
mediante el uso de avanzada tecnología sísmica, como afirma el gobierno de
Bush.
Sin embargo, si juntamos todo lo
anterior, ni remotamente se acerca a la escala de descubrimientos requerida para
generar 900 mil millones de barriles adicionales de crudo, lo que hace tan
significativos los informes recientes de las compañías petroleras. Si las
estimaciones más optimistas en torno al petróleo global están en el rango
correcto, debiera ser razonable que las compañías más importantes encontraran
cada año más crudo del que han estado produciendo, pero es justamente lo
opuesto a lo ocurrido en los últimos 20 años. Si esto continúa así, es difícil
imaginar que el nivel pico del crudo esté tan lejos en el futuro.
A largo plazo, ya no importará que el
nivel pico llegue en 2005, 2010 o 2015, o que el máximo nivel de extracción
diaria resulte ser de 90 o 100 millones de barriles. En cualquiera de estos
escenarios, la producción global de crudo se nivelará y comenzará a declinar,
lo que no podrá empatar la demanda mundial anticipada de 120 millones de
barriles diarios para 2025. Es cierto, algo de este déficit puede ser absorbido
por el desarrollo acelerado de ''combustibles petrolíferos no convencionales''
–condensados líquidos de la producción de gas natural, combustibles
derivados de arenas alquitranadas y de pizarras petrolíferas, líquidos extraídos
del carbón y similares- pero es excesivamente costoso producir estos materiales
y su manufactura entraña muchos riesgos ambientales como para que sean
sustitutos prácticos del crudo convencional.
Aun con una producción mayor de tales
sustitutos, la inevitable contracción en las existencias mundiales de petróleo
sólo se pospondrá unos cuantos años. Eventualmente, los científicos y los
ingenieros podrían desarrollar fuentes totalmente nuevas de energía -por
ejemplo, sistemas geotérmicos, de biomasa o con base en el hidrógeno- pero a
las tasas actuales de desarrollo, ninguna de estas alternativas estará
disponible en la escala suficiente cuando los productos del petróleo comiencen
a ser escasos.
Así, aunque en este momento los
principales accionistas de Exxon, Chevron y otros gigantes del petróleo se
animen, el resto de nosotros quedamos muy perturbados por los informes
recientes. Pese a todo el optimismo de Washington, estamos ante una amenaza
inescapable y sustancial: la escasez global de energía, que sólo traerá
penosas consecuencias para nuestra economía y la del resto del mundo. De hecho,
vemos los primeros síntomas hoy, con el aumento de los precios en la gasolinería
del vecindario y con la caída perceptible en el gasto de los consumidores.
Michael T. Klare es profesor de estudios de paz y seguridad mundial en el Hampshire College y autor de Blood and Oil: The Dangers and Consequences of America's Growing Petroleum Dependency (Metropolitan Books). El artículo fue publicado originalmente en TomDispatch.com, y se reprodujo con permiso del autor en La Jornada (México), marzo 2005. Traducción Ramón Vera Herrera. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con fines informativos.
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