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ESI, EPI, Rio+10
José da Cruz
No
hay peor engaño que el de quien se engaña a sí mismo. Y así estamos viviendo.
José Saramago, en el cierre del Foro Social Mundial, Porto Alegre 050202
Dentro de unos meses tendrá lugar la Cumbre Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo
"Río+10", o conferencia de Johannesburgo. Allí se debatirá cuánto han
avanzado los países en el camino del desarrollo sustentable, diez años después de haber
adoptado los compromisos de Rio en 1992.
La preparación de la conferencia implica la entrega de informes nacionales. Los
informes tenderán o deberían tender a la evaluación más que al
diagnóstico, pero toda evaluación exige parámetros: qué había antes, qué hay ahora.
En este aspecto, Naciones Unidas ha contribuido consecuentemente a la estandarización de
las rutinas para recoger, procesar y presentar datos.
Todas las definiciones posibles de los conceptos sustentabilidad o sostenibilidad
combinan aspectos cuantitativos y cualitativos y los indicadores necesariamente
pertenecerán a ambas clases. Por lo tanto, las evaluaciones nacionales para la
conferencia de Johannesburgo se elaborarán sobre un cimiento de mediciones también
cuantitativas y cualitativas, y esto no es un problema de fácil solución.
Recientemente, los participantes del Foro Económico Mundial de Davos han dado a
conocer una clasificación de más de 130 países según su sustentabilidad, compuesto de
dos índices llamados ESI y EPI. Todo suceso relativo a este Foro gana gran espacio en los
medios de comunicación y las noticias producen muchos ecos. El ESI y el EPI nos están
proponiendo un modelo de sustentabilidad que la prensa y tal vez las Naciones
Unidas adoptan de hecho como el más válido.
Creemos necesario reflexionar sobre estos aspectos. El artículo revisará los índices nombrados y hará un intento de ubicarlos en la perspectiva de la próxima conferencia de Johannesburgo.
Cómo y qué medimos
Si hacemos abstracción de posibles causas de error, una medida del contenido de NOx en
el aire o del material en suspensión en el agua no es controvertible; en cambio, los
avances en la conciencia ambiental o el grado de preparación de la administración
pública para hacer cumplir las regulaciones por más que pudieran cuantificarse
indirectamente serán siempre materia opinable.
Evaluar la sustentabilidad nos pone ante una situación no del todo simple. Tenemos que
elegir qué medir y cómo hacerlo, y elegir también a qué vamos a dar mayor importancia;
recién entonces podremos operar con las magnitudes obtenidas y generar una escala. Pero,
¿qué pasa si no hay estadísticas o registros sistemáticos del período considerado?
¿Qué pasa si no se pensó, hace diez años, en establecer con claridad una familia de
indicadores? ¿Se podrán medir, en conjunto, las dimensiones social, ecológica y
económica de la sustentabilidad? ¿Cuánto es "el valor de un ruiseñor", como
se preguntan Funtowicz y Ravetz (2000). Sería necesario, para sortear esta dificultad,
aceptar la "impredictabilidad, el control incompleto y una pluralidad de perspectivas
legítimas" como bases científicas (id).
Existen de todos modos compilaciones de indicadores de sustentabilidad, por ejemplo la
huella ecológica o las comparaciones entre el desempeño ambiental de algunos países;
hay mediciones del llamado "factor 10" o cálculos de eficiencia ecológica
relacionadas con el ingreso per cápita (CGSDI Dashboard). Estas compilaciones son
intentos valiosos, pero en ninguno de los casos citados los autores pretenden abarcar
todos los ítems posibles ni se plantean cubrir las múltiples dimensiones de la
sustentabilidad. Tal vez la única evaluación válida sea aquella producida mediante las
opiniones de los actores sociales, es decir, una elaboración cultural; en otras palabras,
un análisis político.
Ahora bien, este análisis puede hacerse de modo explícito, mediante una elaboración
colectiva o ser un producto de laboratorio revestido de aspiraciones de objetividad
mediante la elisión de su intrínseco carácter político. Creemos que ese es el caso del
ESI y el EPI, publicitados a lo largo y ancho del mundo en el mes de marzo.
Los índices ESI y EPI
En su reunión del año pasado, 2001, el Foro Económico Mundial de Davos publicó por
primera vez su Índice de Sustentabilidad Ambiental (ESI, sigla en inglés). El ESI se
dirige más que nada a analistas y a quienes toman decisiones, y utiliza "los mejores
datos disponibles" para "comparar las trayectorias ambientales a largo plazo de
las naciones" (ESI - EPI 2002).
La realización del ESI estuvo a cargo del Centro de Leyes y Políticas Ambientales, un
organismo creado entre la Facultad de Leyes y la Escuela de Estudios Ambientales y
Forestales, ambas de la Universidad de Yale; el Centro de la Red Internacional de
Información de Geociencias del Instituto de Geociencias de la Universidad de Columbia, y
la Fuerza de Tareas Ambientales "Líderes Globales del Mañana", del mismo Foro
Económico Mundial (Yale 2001). Esta prolija enumeración apunta a señalar que dos
prestigiosas universidades de EEUU se sumaron a la representación de los intereses
económicos más poderosos para crear este documento.
En febrero pasado se cerró en Nueva York la reunión del Foro de Davos de este año y
allí se dieron a conocer la versión actualizada del ESI y un nuevo ranking, el Pilot
Environmental Performance Index (EPI, o Índice de Resultados del Manejo Ambiental). El
EPI considera la escala nacional y se basa en cuatro indicadores fundamentales: la calidad
del aire, la del agua, las emisiones de gases de efecto invernadero y la protección de
los ecosistemas. Cada indicador resume otras series de datos.
Ambos índices se centran en condiciones nacionales. Mientras el ESI intenta medir las
posibilidades a largo plazo en un amplio número de variables, el EPI es un
"contrapunto" que mediría las tendencias en el manejo de los recursos. Para
establecer el EPI se han utilizado las bases de datos del ESI y por eso analizaremos cómo
ha sido construido éste.
El ESI se compone de cinco categorías que agrupan a 20 indicadores compuestos por 67 variables sopesadas según grados de importancia y por lo tanto de puntaje. Las cinco categorías tienen un peso similar en la cuenta final. El esquema es el siguiente:
Categoría |
Indicadores |
Variables |
1. Sistemas ambientales |
Calidad
del aire Cantidad
de agua Calidad
de agua Biodiversidad Terreno |
Concentracóon
urbana de SO2 Concentración
urbana de NO2 Concentración
urbana de TSP Agua
nacional renovable per capita Aporte
de agua del exterior per capita Concentración
de oxígeno disuelto Concentración
de fósforo Sólidos
en suspensión Conductividad
eléctrica Porcentaje
de mamíferos amenazados Porcentaje
de aves en reproducción amenazadas Porcentaje
de terreno con impacto antropogénico muy bajo Porcentaje
de terreno con impacto antropogénico muy alto |
2. Reducción de estrés ambiental |
Reducción
polución de aire Reducción
estrés de agua Reducción
estrés eco-sistema Reducción
de presiones de consumo y desechos |
Emisiones
de NOx por área poblada Emisiones
de SO2 por área poblada Emisiones
de VOCs por área poblada Consumo
de carbón por área poblada Vehículos
por área poblada Consumo
de fertilizantes por hectárea de tierra arable Uso
de pesticidas por hectárea de tierra sembrada Poluentes
orgánicos industriales en agua fresca disponible Porcentaje
del territorio del país bajo estrés severo Porcentaje
de cambio en el área forestal 1990-00 Porcentaje
del país con exceso de acidificación Huella
ecológica per capita Residuos
radioactivos |
3. Reducción de vulnerabilidad humana |
Reducción
del crecimiento poblacional Sustento
humano básico Salud
ambiental |
%
total de fertilidad %
de cambio en la proyección de población 2001-2050 %
de desnutridos en la población total %
de población con acceso a suministro mejorado de agua %
de muertes de niños por enfermedades respiratorias %
de muertes por infecciones intestinales Mortalidad
de menores de 5 años |
4. Capacidad social e institucional |
Ciencia
y tecnología Capacidad
para el debate Control
ambiental Compromiso
del sector privado |
Índice
de logros tecnológicos Índice
de innovación Escolaridad
media (15 o más años de edad) Organizaciones
miembros de IUCN por millón de habitantes Libertades
civiles y políticas Instituciones
democráticas Porcentaje
de variables del ESI accesibles al público Porcentaje
de territorio con estatus de área protegida Cantidad
de criterios sectoriales para las EIA Área
acreditada ante FSC como % del área forestada total Control
de la corrupción Reducción
de externalidades de mercado (relación del precio de la gasolina con el promedio
internacional) Subsidios
por el uso de energía o materiales Subsidios
al sector de pesca comercial Compañías
con certificación ISO14001 por millón $ PBI Índice
de sustentabilidad del grupo Dow Jones Registro
promedio de empresas con Innovest EcoValue Miembros
del WBCSD Innovación
ambiental del sector privado |
5. Administración global |
Eficiencia
ecológica Participación
en esfuerzos internacionales Reducción
de gases de efecto invernadero Reducción
de presiones ambientales transfronterizas |
Eficiencia
energética (consumo energía por unidad del PBI) Producción
de energía renovable % del total consumido Membrecías
en org. ambientales intergubernarmentales Porcentaje
de exigencias CITES satisfechas Participación
en la Convención de Viena / Protocolo de Montreal Niveles
de participación en la Convención de Cambio Climático Participación
en el fondo multilateral del Protocolo de Montreal Participation
en la GEF (Global Environmental Facility) Adhesión
a acuerdos ambientales Emisiones
de CO2 per capita Eficiencia
de carbón (emisiones de CO2 por dólar PBI) Consumo
de CFC (total veces per capita) Exportación
de SO2 Total
de pesca marina Consumo
de pesca per capita |
Totales:
5 |
20 |
67 |
Los autores reconocen que las fuentes utilizadas presentan
limitaciones serias, pero que a pesar de ello "es posible construir mediciones
ilustrativas" del desempeño ambiental como el EPI, que ayudaría a
asentar en bases más firmes la toma de decisiones sobre control de polución y
administración de recursos. También, estas mediciones posibilitarían "útiles
comparaciones entre países", visualizando cómo actúan los gobiernos para alcanzar
con éxito los objetivos de política ambiental y cómo los combinan con "objetivos
antagónicos".
Señalan también los autores que las mediciones de indicadores ambientales, como el ESI, son mucho más usuales que las comparaciones de performance en el manejo del ambiente, como el EPI. Las severas limitaciones de los datos disponibles dificultan la utilización del EPI como herramienta analítica, pese a que el EPI indica cuáles actores están mejorando el manejo ambiental en sus países, un dato importante para la planificación (ESI EPI 2002).
La visión crítica
Cuando fue publicado el ESI en 2001, la revista The Ecologist hizo un
análisis crítico de este índice (CLAES 2001, The Ecologist 2001). Partiendo de una
primera impresión de desconfianza en el ESI, la revista unió esfuerzos con Amigos de la
Tierra Internacional y organizaron un equipo de trabajo para estudiarlo.
Sus conclusiones fueron que había que reconocer un punto a favor del
ESI: su misma existencia. Es importante que se haya intentado compilar tantos indicadores.
En cambio, su resultado es engañoso pues presenta "a los peores villanos ecológicos
del mundo como si fueran chicos buenos, beneficiando a las naciones poderosas". Si la
comparación entre países estuviera hecha de modo adecuado, el ESI mostraría un útil
panorama de las prioridades más necesarias (The Ecologist 2001).
La crítica principal sobre el ESI, aparte de su categorización como
políticamente tendencioso, refiere a los indicadores. Para The Ecologist, la selección
de cinco categorías queda pobremente justificada, así como la cantidad y el tipo de
indicadores (20 en 2002) y variables (67) incluidos en cada una. Como el puntaje
adjudicado a cada país depende de estos resultados, la elección de variables y el valor
que se les ha otorgado son decisivos. Es obvio que las respuestas posibles dependerán de
las preguntas formuladas.
En ese sentido, el ESI presenta un desbalance entre indicadores de
sustentabilidad socioeconómica e indicadores de sustentabilidad ambiental. Para The
Ecologist (2001) estas dos condiciones deben medirse separadamente: en la primera entran
la salud, el nivel de vida, la seguridad económica y la justicia social; en la segunda,
que la humanidad en conjunto no utilice más servicios ecológicos que aquellos que la
naturaleza pueda regenerar. Un ESI más genuino, entonces, mediría cómo se cumple esta
segunda condición; incluir allí mortalidad infantil o acceso al agua potable es mezclar
factores socioeconómicos en la cuantificación de la sustentabilidad ambiental, lo que
otorga desde el arranque ventajas a los países que tienen mayor capacidad para proveer
los servicios necesarios, es decir, a los más ricos.
Discutibles también son los indicadores de capacidad: que un país
tenga "la capacidad" de enfrentar problemas ambientales no quiere decir que los
enfrente. En la primera edición del ESI esta categoría aportaba una tercera parte de los
indicadores totales (7 en 22) y si bien en la edición de este año su peso es menor (4 en
20) la crítica sigue siendo válida.
Entre las variables están los índices de logros tecnológicos y de
innovaciones; ambas probarían la capacidad de respuesta y de adaptación a los desafíos
ambientales, pero en la destrucción de las posibilidades de sustentabilidad también
tiene un papel destacado la tecnología. La capacidad de innovación no indica más que un
posible dinamismo empresarial o investigativo, pero nada relativo a sustentabilidad.
La membrecía en el Consejo Mundial de Empresas para el Desarrollo
Sostenible (WBCSD) otorga también puntaje positivo pues mediría el compromiso del sector
privado, pero el WBCSD está a su vez íntimamente ligado a quienes encomendaron el ESI y
el EPI. El Consejo se formó en 1995 por la fusión del Consejo de Empresas para el
Desarrollo Sostenible creado antes de la Cumbre de Río y el Consejo Mundial
de la Industria para el Medioambiente, organismo de la Cámara Internacional de Comercio
(ICC). El WBCSD declara estar comprometido con el desarrollo sostenible, el cual se
logrará mediante crecimiento economico, proteccion del medioambiente y equidad social. En
él están representadas, por sus respectivos jefes ejecutivos, unas 150 empresas
transnacionales (A SEED).
A su vez, la ICC es el "principal grupo de presión empresarial
del mundo" compuesto por más de 7000 empresas y dominado por las multinacionales
más poderosas, la mayoría de las cuales también forman parte del WBCSD. La ICC "ha
jugado un papel decisivo en la creacion del WBCSD" a la vez que "ha sido siempre
un jugador clave en la presión para conseguir mas desregulación del mercado global y
liberalización comercial, y ha tenido una enorme influencia en los tratados de la ONU y
la OMC" (id.).
La inclusión de este indicador en el ESI está justificada por el
razonamiento de que los miembros del WBCSD tienen capacidad para realizar acciones
proambientales. También tienen, sin embargo, la capacidad de destruir. "Sería
difícil argumentar que los miembros de compañías como Rio Tinto o Texaco están
utilizando el conjunto de su 'capacidad' para mejorar la 'sustentabilidad ambiental', sino
destruyéndola a grandes tajadas" (The Ecologist 2001). Esto muestra la visión sobre
los procesos sociales que comparten los solicitantes, diseñadores y realizadores del ESI.
La misma crítica se extiende a la focalización en efectos e
instituciones dentro de límites nacionales y no toma en cuenta que muchos países saltan
por encima de restricciones ambientales a través de la utilización del patrimonio
natural de otros países o del patrimonio común de la humanidad. Tal es el caso de la
pesca, el cambio climático o la destrucción de la capa de ozono. Solo un indicador en
veinte intenta medir estos aspectos, por lo que su peso en la cuenta final es de 5% (id.).
Hay indicadores que penalizan directamente a los países pobres,
dadas sus características socioeconómicas. La salud ambiental se mide en muertes por
enfermedades intestinales o respiratorias, lo que podría ocasionarse por múltiples
factores no necesariamente ambientales, por ejemplo la falta de atención a la salud o la
falta de agua potable, ya contabilizada en otro indicador e implicando por lo tanto una
doble penalización.
El crecimiento poblacional esperado entre 2000 y 2050 se registra en
el ESI debido al razonamiento de que a mayor población mayor exigencia ambiental, pero no
toma en cuenta la densidad poblacional existente. Un país de población escasa pero de
alta fertilidad obtiene un registro peor que otro densamente poblado pero de bajo
crecimiento demográfico pese a que en éste el desgaste ambiental puede ser mucho peor,
como en algunos países altamente industrializados. Una medida más valiosa hubiera sido
la relación entre población y superficie arable. Además, el crecimiento poblacional es
la única variable del ESI que toma en cuenta tendencias (id.).
El equipo de The Ecologist - Amigos de la Tierra generó otra
clasificación de países tomando varios indicadores "duros" del ESI y dejando
de lado los aspectos socioeconómicos y, por supuesto, llegó a resultados muy diferentes:
el primer país en la lista resultó ser la República Centro Africana, seguido de Bolivia
y Mongolia (The Ecologist 2001). En la versión 2002 del ESI ha habido ciertos cambios
metodológicos que parecen tomar en cuenta puntos de vista criticados, pero la concepción
de base se mantuvo.
Otro comentario sobre indicadores es que el hecho de adherir a un
protocolo internacional sin fuerza coactiva ni controles estrictos o aún
integrarlo a la legislación nacional, significa más que nada una buena intención
política, pero no mucho más. Otro ejemplo discutible es que el hecho de obtener la
certificación ISO implica invertir dinero, lo que tal vez muchos pequeños empresarios
comprometidos con lo ambiental no crean necesario. Por ejemplo, la mayoría de los
agricultores orgánicos de nuestro país difícilmente puedan distraer recursos para este
fin. Esto no invalida la elección de estos parámetros para el ESI, pero los debilita.
La misma clasificación de países en "mejores" y
"peores" según su grado de desempeño está indicando un camino a seguir. Si se
establece que hay "mejores" esos países funcionarán como modelo, como
demostración de deseos cumplidos. El "Number 1", lo planteen o no el ESI y el
EPI, pasará a ser el espejo mágico donde los demás miren su futuro; los méritos de sus
indicadores serán las metas universales. Según ESI 2002 los países mejor ubicados son
Finlandia, Noruega, Suecia, Canadá, Suiza
y Uruguay
La curiosa aparición de Uruguay en lugar tan destacado entre países
altamente industrializados y con fama de "limpios" sorprendió a la opinión
pública. Los aplausos acallaron en parte la ecuanimidad necesaria para juzgar la
distinción. Según un artículo de prensa que recoge opiniones de ambientalistas, el
honorífico puesto seis se logró pues Uruguay tiene un bajo nivel de consumo per cápita
de recursos naturales, la industrialización es escasa y cuenta con relativa abundancia de
agua. Karin Nansen, de REDES - Amigos de la Tierra, declara al periodista que la
concepción de sostenibilidad del ESI es problemática y no toma en cuenta la
distribución de los recursos; Marcel Achkar, de la Facultad de Ciencias, señala que, por
ejemplo, las bajas emisiones de dióxido de carbono se deben a la poca industrialización,
no a la existencia de políticas de sustentabilidad (Pierri 2002). Además, Uruguay ha
firmado todos los grandes acuerdos internacionales sobre medio ambiente (CEPAL-PNUMA 2001)
y cuenta con extendidos servicios de agua potable y saneamiento, lo que rinde dividendos
en el ESI.
El manejo que han hecho los medios internacionales de los resultados
de esta elaboración académica demuestra el peso del Foro Económico mundial como
formador de opinión. Los periodistas, especialmente en la televisión, suelen conformarse
con un comunicado de prensa y un comunicado no contempla sutilezas. Por ejemplo, el
comunicado de Yale presentando el primer ESI es decididamente triunfalista (Yale 2001).
Digamos también que si el Uruguay hubiese aparecido en un modesto lugar, digamos 50 o 60,
el interés mediático local hubiese sido mucho menor.
Para la edición 2002, los medios de masas han resaltado con firmeza una de las observaciones de los autores del ESI: el buen desempeño económico no es sinónimo de buen desempeño ambiental. El ejemplo destacado es el de Francia y Bélgica, con similar PBI pero con gran diferencia de rango a favor de Francia. Parece ser un reflejo condicionado por las críticas sobre su proclividad favorecedora de los países ricos, sin que esta haya cambiado.
Algunas reflexiones
The Ecologist-Amigos de la Tierra no postulan sus resultados más que
como reacción al índice de Davos y como otra lectura posible de indicadores del ESI,
pero el hecho de que hayan prescindido de aspectos socioeconómicos de la sustentabilidad
nos aporta una visión parcializada.
Ante ésto, nuestra primera reflexión trata de indicadores. ¿Cuál
sería la combinación de indicadores socioeconómicos, de manejo ambiental, de diversidad
biológica y más aún, que nos diera una medida aceptable de la sustentabilidad?
¿Existirá un modelo único de sustentabilidad? ¿Podrá elegirse un país como ejemplo,
de hecho o de derecho? ¿Es posible pensar en la sustentabilidad en términos de país y
no regionales?
Probablemente van a aparecer más índices, respaldados por el
prestigio académico de grandes centros internacionales o de grupos de investigadores
independientes. Atraerán la atención de los medios de masas y serán utilizados como
palancas de opinión, pero el problema de medir la sustentabilidad continúa vigente. A lo
mejor sería necesario generar una polémica pública sobre el tema en el ámbito nacional
que, poco a poco, pudiera llegar a la formulación de un consenso. Sería, por cierto, un
proceso explícitamente político y no pretendería más que ponerse de acuerdo sobre qué
queremos y hacia adónde vamos, sin hacer cuestión de presentar un modelo al mundo ni
elegir ángeles o demonios ambientales.
Otro tema, relacionado con los modelos y las clasificaciones, surge
en vista de la próxima Cumbre Rio+10: es el peso político indudable de las conclusiones
y recomendaciones de las Naciones Unidas. La Cumbre evaluará el progreso logrado desde
Rio, pero también servirá para continuar las negociaciones sobre desarrollo sostenible.
En estos diez años se ha profundizado la extensión a toda la Tierra de un modelo de
desarrollo determinado por políticas neoliberales y las empresas han desarrollado
considerables habilidades de presion "ambientalista".
En el proceso "se las han arreglado para convencer a los
gobiernos y a las instituciones internacionales para operar libremente y promover acuerdos
de libre comercio que pasan por encima de tratados medioambientales y sociales". Su
argumento ha sido que solamente podrían actuar de modo ambientalmente sostenible si se
les daba la más amplia libertad. "El cambio en la percepcion de las multinacionales
por parte de la ONU, se hizo patente con el cierre de la Comision para las Corporaciones
Transnacionales antes de la Cumbre de la Tierra en 1992". Era el único organismo de
la ONU que intentaba ejercer cierto control mediante el seguimiento de un código de
conducta (A SEED).
Ante Johannesburgo, la principal estrategia empresarial se basa en la
creación de la Accion Empresarial para el Desarrollo Sostenible (BASD) en 2001. La BASD
se propone influenciar en el proceso de evaluación para demostrar que las actuaciones de
sus miembros están en la misma línea que la Conferencia y comparten sus objetivos.
Tienen previstos varios eventos, como exposiciones permanentes en la misma sede de la
reunión y en la ciudad, dirigidas al público y a las ONG, mostrando proyectos
empresariales de desarrollo sustentable en el mundo e intervenciones en aspectos sociales
y culturales. El 1 de setiembre será el "Business Day", en el que los líderes
empresariales se reunirán con otros líderes de gobierno, ONG y sindicatos, para discutir
cuestiones de desarrollo sustentable. Quieren "presentar una visión del papel que
desempeñan las empresas en la implementación de las decisiones de la Cumbre, demostrando
su compromiso, y subrayar las responsabilidades compartidas con quienes toman las
decisiones políticas, líderes de gobierno y otras organizaciones civiles" (BASD
2002).
Esto no es ni malo ni bueno en sí mismo: las transnacionales
existen, tienen enorme poder, y la apertura de las reuniones de la ONU a la sociedad civil
significó nichos de intervención para las ONG pero también la ocasión de que las
presiones de los lobbys empresariales se hagan ahora a la luz del día. Habría un
problema si, a diez años de la reunión de Rio, su influencia cada vez mayor en los
organismos internacionales lograra imponer un modelo de sustentabilidad diseñado a su
gusto.
En ese sentido, los índices ESI y EPI del Foro de Davos
formado por los líderes de las finanzas jugarán sin duda un papel muy
importante. Si bien el objetivo de la conferencia no es la entrega de Óscares de
desempeño ambiental, sí lo será para los medios de comunicación, lo que a su vez
significará combustible para la maquinaria formadora de opiniones. Sin ánimo de fomentar
teorías conspirativas, podemos temer un futuro escenario para las discusiones de
sustentabilidad, delineado por la triple alianza ONU - transnacionales - medios de masas.
El frente de combate lo establecererá una polémica sobre si se cumplen o no se cumplen
las recomendaciones de Johannesburgo, según el modelo de Johannesburgo y las
condicionantes de Johannesburgo. Quizás allí se concrete la oficialización del
"pensamiento ambiental único" que presentan el ESI y el EPI.
Una alternativa ante este panorama sería seguir elaborando nuestros propios índices de sustentabilidad, nuestros propios controles ciudadanos, nuestra sustentabilidad local, todo desde nuestra propia perspectiva y según nuestras posibilidades. Esta tarea está apenas comenzando.
Bibliografía
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presión empresarial y la Cumbre Mundial de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo
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BASD 2002
http://www.basd-action.net/about/index.shtml
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