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COMERCIO, ESTANCADA
Eduardo Gudynas
Las
regulaciones comerciales se han extendido tan ampliamente que han pasado a constituirse en
un ingrediente clave para entender la crisis ambiental en América Latina. Por esa razón,
la sociedad civil sigue de cerca la forma en que la Organización Mundial de Comercio
(OMC) incorpora la perspectiva ecológica. La temática ambiental en la OMC se considera
específicamente en un comité en ambiente y comercio, pero esa misma dimensión también
está implícita en otras áreas, y muy especialmente el comercio agropecuario, los
derechos de propiedad intelectual y las inversiones.
A partir de la
conferencia ministerial de Doha la OMC tenía varias tareas en esta temática, y en
particular avanzar a mejorar las relaciones entre los acuerdos comerciales y los tratados
ambientales multilaterales, en especial aquellos de incidencia en el comercio (como es el
caso en particular de la Convención para la Diversidad Biológica). Además, se debían
avanzar en precisar las relaciones con la propiedad intelectual, en promover el sector de
bienes y servicios ambientales, etc.
La Unión Europea y
otros pocos países industrializados son insistentes promotores de incorporar la
dimensión ambiental dentro de las resoluciones de la OMC, mientras que la enorme mayoría
de los gobiernos del sur rechazan esa postura. Es una historia donde hay muchas
culpabilidades y es difícil encontrar inocencias: Bruselas presenta sus subsidios y
proteccionismos como medidas ambientales, e invoca restricciones verdes que se convierten
en barreras de acceso a los mercados. Las naciones del sur reaccionan combatiendo ese
proteccionismo, y desde allí critican y se resisten a incorporar medidas ambientales.
Países tan diferentes como Egipto y Brasil se oponen en la OMC a profundizar los
componentes verdes. La tensión esencial que se vive es si prevalecerán los acuerdos
comerciales o los tratados ambientales en los casos donde exista un conflicto.
Han aumentado los roces
entre los acuerdos comerciales y los tratados internacionales en materia ambiental; el
conflicto es particularmente evidente en el comercio de semillas transgénicas así como
en alimento derivados de transgénicos en tanto también se encuentra bajo regulación de
acuerdos ambientales. Otro tanto sucede con los derechos de propiedad intelectual, ya que
se pueden patentar recursos genéticos o productos derivados de recursos genéticos, los
que en su mayoría se encuentran en los países del sur.
Las propuestas
discutidas en la sede de la OMC en Ginebra no lograron avances concretos en las relaciones
con los acuerdos ambientales ni en la forma bajo la cual participarían sus secretariados.
Esos y otros temas se dejaron para negociar en Cancún, aunque era evidente que existía
otro frente de división entre naciones del norte y del sur.
Desencuentros
iniciales
Como preparativos
adicionales a la cumbre de Cancún se realizaron una serie de reuniones para potenciar la
dimensión ambiental. Por un lado se promovió un encuentro de alto nivel, convocado por
el gobierno de México, para analizar las relaciones entre comercio, economía y ambiente;
por otro lado tuvo lugar un foro sobre biodiversidad.
En el primer caso, los
preparativos del encuentro fueron conflictivos por la resistencia dentro del mismo
gobierno mexicano y la poca disposición a participar de muchos países; para algunos
analistas esos hechos terminaron por costarle el cargo al secretario de ambiente y
recursos naturales de México. De todas maneras la reunión se llevó a cabo unos pocos
días antes de comenzar el encuentro de Cancún. La asistencia fue muy reducida, no
participaron delegaciones significativas de los países del sur y el encuentro tuvo un
tono académico, sin consensos concretos.
El encuentro sobre
biodiversidad corrió con la misma suerte, y no se concretaron acuerdos sustantivos por
discrepancias muy variadas. Las organizaciones no gubernamentales cuestionaron la
liviandad del documento final, y el representante de Brasil ni siquiera lo firmó. Estos
antecedentes dejan en claro que las preparaciones para potenciar el tema ambiental en las
negociaciones comerciales de Cancún no lograron resultados concretos, y ni siquiera
elevaron la jerarquía de la cuestión.
El debate en Cancún
El tema ambiental no
estuvo en el centro de los debates de los ministros de comercio; todas las miradas estaban
en la agricultura y los "temas de Singapur". Apenas se mencionaba que la Unión
Europea posiblemente estuviera dispuesta a utilizar sus demandas sobre la temática
ambiental como una moneda de cambio frente a los reclamos de los países del sur.
Aparentemente las posiciones entre sur y norte fueron tan distintas que ni siquiera se
llegó a una negociación que afectara la temática ambiental.
En Cancún se
consideraron las implicancias comerciales de medidas ambientales, y en especia se buscó
clarificar las relaciones entre los tratados ambientales y los acuerdos de la OMC.
Mientras la UE promueve una relación amplia, los demás países no desean acentuar esos
vínculos. Al promediar las negociaciones parecía que se apuntaba a conceder una
condición de "invitados" a las secretarías de los acuerdos ambientales
multilaterales, y se intentaba clarificar las relaciones con el acuerdo sobre propiedad
intelectual. El borrador que se distribuyó el penúltimo día de negociaciones en Cancún
era en buena medida un texto muy general, sin muchos avances concretos: se continuarían
estudiando las relaciones entre los acuerdos de propiedad intelectual y los recursos
naturales, se permitiría la presencia de los secretariados de los tratados ambientales
como "invitados" al comité de negociaciones en comercio y ambiente de la OMC, y
bajo ciertas condiciones, y no se precisaban las relaciones concretas entre los acuerdos
comerciales y los tratados ambientales.
Al día siguiente, con
el colapso de la reunión ministerial, se volvió a un punto cero en materia ambiental.
Esto quiere decir que se mantienen los objetivos acordados en Doha, sin llegar a ningún
resultado concreto. Persisten los problemas que se describen mas arriba, pero también se
mantiene el propósito de la OMC de considerar a la Naturaleza como "bienes y
servicios ambientales" para ponerlos bajo su regulación. No existieron avances en
ese camino, pero los peligros siguen pendientes.
Frente a este estado de
cosas se observan dos grandes reacciones entre las organizaciones de la sociedad civil:
por un lado algunas ONG presionan a la OMC y los gobiernos para incorporar de mejor manera
los temas ambientales y llegar a una relación adecuada entre los convenios comerciales y
los tratados ambientales. Por otro lado, existen instituciones que tienen el temor de
avanzar más en el seno de la OMC ya que estiman que bajo las actuales condiciones
políticas creen que esos intentos tendrán un resultado contrario: en el momento de tomar
decisiones, se optará por dar prioridad a los acuerdos comerciales sobre los ambientales.
Por lo tanto la estrategia que prefieren es potenciar los tratados ambientales globales,
para dotarlos de mayor poder para enfrentarse a la OMC.
El fracaso de Cancún
ha complicado todavía más esta situación. En efecto, si se profundiza la postura de
Estados Unidos de avanzar por medio de acuerdos directos con otros países, salteándose
la OMC y demás espacios multilaterales, entonces el tema ambiental estará todavía más
debilitado. Washington no promueve una agenda ambiental o comercial positiva, mientras los
gobiernos de América Latina se resisten a incorporar o mejorar sus controles ambientales.
Por distintas razones todos están interesados en dejar a un lado las cuestiones
ecológicas. Bajo este contexto posiblemente se repita la reciente experiencia del tratado
de libre comercio entre Chile y Estados Unidos donde si bien se incorporó una sección
ambiental, esta es obviamente insuficiente y subsidiaria a los temas comerciales. De esta
manera, el fracaso de Cancún ha dejado varios nuevos frentes abiertos para lograr
conquistar la dimensión ambienta en el comercio internacional.
Artículo publicado en La Insignia, septiembre 2003.
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