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Columna de Eduardo Gudynas en
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ANALISIS AMBIENTAL.net b |
DEL AMBIENTALISMO INDIVIDUALISTA AL AMBIENTALISMO ALTRUISTA
Eduardo Gudynas
Las frases no en mi patio trasero (not in my back yard) y usos del suelo localmente inaceptables (locally unnacceptable land use) constituyen dos conceptos muy usados y muy útiles en ecología política y en gestión ambiental. Tales conceptos se abrevian así NIMBY (que es el acrónimo de not in my back yard) y LULU (que es el acrónimo de locally unnacceptable land use).
El NIMBY tiene una larga historia detrás, disparada por grupos vecinales que se organizan y ejercen presiones ante diferentes problemas socioambientales en sus localidades, tanto desde el punto de vista legal, como con acciones ante la opinión pública y protestas. Es frecuente que se desencadene un ruidoso conflicto ciudadano, arrastrando a las reparticiones estatales que supuestamente deberían velar por el interés colectivo. En los últimos años, a medida que crece la preocupación ambiental, se hacen más comunes los comportamientos NIMBY.
Por un lado, es un hecho muy positivo que los ciudadanos se organicen y reaccionen contra la contaminación en un barrio o ante la disposición final irresponsable de basura. Son la expresión de mujeres y hombres que dejan en claro que aspiran a una alta calidad de vida. Nunca falta la crítica a esas reacciones, sea a sus representantes ciudadanos o sus organizaciones, temiéndose que amparen desmanes o impidan el progreso económico; incluso se observan ciertas formas de chantaje buscándose justificar un emprendimiento empresarial pero riesgoso, bajo las promesas de una futura ganancia económica. En realidad los NIMBYs no están contra los avances económicos, sino que buscan defender su calidad de vida.
Pero si damos un paso más en el análisis, el NIMBY deja en claro un problema: en muchos casos los vecinos se conforman con que se retire el emprendimiento cuestionado de su barrio o localidad, y una vez que es trasladado a otro sitio, la efervescencia social se desvanece. En el comportamiento NIMBY hay un límite ya que su perspectiva es eminentemente personal: no quieren basura en "su" vecindad, no quieren que alteren "sus" vidas. El problema con la actitud del NIMBY tradicional, es que una vez que el problema ambiental fue trasladado a otro sitio, la preocupación desaparece.
Existen empresarios como autoridades gubernamentales que comienzan a reconocer este hecho, y lo que simplemente hacen es trasladar el emprendimiento cuestionado a otro sitio. Entonces nos enfrentamos a una nueva situación, donde los emprendimientos negativos terminan ubicados unas veces en sitios apartados y deshabitados, y en muchos otros casos en los barrios más pobres, donde las propias condiciones de marginalidad y empobrecimiento no desencadenan un debate sobre la calidad ambiental, o cuando eso sucede, las organizaciones locales no alcanzan el poder político para defenderse. Fuera del control social, la contaminación prolifera en lugares apartados.
Pero lo que en realidad sucede es que esos impactos sociales y ambientales no desaparecen, sino que los sufrirán otras personas hoy o en un futuro cercano. Siempre hay quienes se dan cuenta de este hecho, y dan un paso más allá de la mirada NIMBY, y extienden su reflexión y análisis sobre la esencia de los problemas ambientales y sociales, independientemente si los sufren directamente o no. Son también quienes se solidarizan con otros grupos que padecen esos impactos, por más que estén en apartados rincones del país. Entienden que varios tipos de problemas, como por ejemplo las basuras en el barrio, deben ser atacados, pero de la misma manera debe considerare esas cuestiones en toda la ciudad, y en el resto de la nación. Es un paso que han dado muchos ambientalistas, que comenzaron como NIMBYs y hoy despliegan sus actividades con una mirada mucho más amplia.
Estas experiencias dejan en claro que es indispensable un claro marco normativo para determinar los usos inaceptables del suelo (LULU), estén donde estén ubicados, y de esa manera escapar a las limitaciones de la actitud local del NIMBY. Son necesarias las regulaciones incluso allí donde no exista nadie para reaccionar ante los impactos ambientales. En usos tales como implantar una fábrica contaminante, abrir un nuevo vertedero municipal para residuos sólidos, o construir un depósito de sustancias peligrosas, se requieren exigentes normas sociales y ambientales, y un efectivo mecanismo de monitoreo para asegurar su cumplimiento. Pero incluso existirán zonas donde no es aceptable ubicar este tipo de actividades, aún bajo un adecuado control. Es el caso de áreas residenciales o dedicas a la agricultura y ganadería, donde este tipo de emprendimientos son muy riesgosos, podría estar justificada su prohibición.
Este tipo de análisis muestra que en vez de luchar contra los NIMBYs habría que aprender de sus indicaciones, especialmente de sus denuncias sobre LULUs, para construir desde allí mejores normas de regulación ambiental. La calidad ambiental ya no es un tema de unos pocos excéntricos, sino una necesidad para cualquier sociedad.
Publicado en AmbienTico No 105, junio 2002, p 19.
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