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ENERGIAS
RENOVABLES EN AMERICA LATINA.
EL
LARGO CAMINO HACIA ATRÁS
Gerardo
Honty
Los países de América latina se reunieron en Brasilia para apoyar
las energías renovables. El resultado es una broma de mal gusto: la región que hoy tiene
más de un 20% de su matriz energética renovable, se "compromete" a tener un
10% en el 2010.
El próximo mes de junio de 2004 se realizará en Bonn, Alemania, la
Conferencia Mundial sobre Energías Renovables. Este evento, convocado por el gobierno
alemán, procura darle continuidad al impulso lanzado en la Cumbre de Johannesburgo sobre
ambiente y desarrollo (Río + 10), de llevar el porcentaje de energías renovables de la
matriz energética europea al 10%. Uno de los objetivos principales de este evento es que
los países del mundo se comprometan con metas nacionales y regionales de penetración de
fuentes renovables de energía.
Esta conferencia mundial estará precedida de al menos 4 reuniones
preparatorias regionales en: América Latina, Africa, Asia y Europa. Los días 29 y 30 de
octubre en Brasilia tuvo lugar la Conferencia Regional Latinoamericana, primera de esta
serie de reuniones preparatorias.
Los países latinoamericanos llegaron a Brasilia con el antecedente
de su propia iniciativa presentada en Johannesburgo. En aquella ocasión, América Latina
presentó un documento titulado "Iniciativa Latinoamericana y Caribeña para el
Desarrollo Sustentable" que contenía propuestas específicas para el sector
energía. Allí, entre las prioridades para la acción se planteaba "Implementar el
uso en la región, de al menos un 10% de energía renovable del porcentaje total
energético de la región para el año 2010" (UNEP/LAC-SMIG.1/2).
Las discusiones en torno a la redacción de esta meta fueron extensas pues los países de la región deben hacer esfuerzos diferentes para lograrla. Países como Argentina, México, Ecuador, Venezuela y Chile, cuyas matrices energéticas dependen en gran medida de fuentes fósiles, deben hacer esfuerzos mayores. En el otro extremo, países como Costa Rica o Paraguay, que alcanzan niveles de más del 90% de renovables en su consumo nacional no deben hacer esfuerzo ninguno para cumplir con el compromiso. La formulación de esta meta, como muchas veces pasa, daba lugar a interpretaciones divergentes acerca de si el 10% debía ser cumplido "en cada país" o si se trataba de una meta "en conjunto".
Una decepcionante conferencia en Brasilia
La Conferencia Regional Sobre Energías Renovables de Brasilia comenzó tarde. Con una programación prevista para iniciarse a las 9 de la mañana, debió esperar hasta pasadas las 10:30 mientras -según se rumoreaba en los pasillos- la organización intentaba convencer al equipo asesor del presidente Luis Ignacio da Silva de hacerse presente para la inauguración. Lula estaba demasiado ocupado atendiendo al jefe de estado español, el presidente Aznar, y finalmente no se presentó para la apertura.
Siendo una reunión de los gobiernos de la región se esperaba una presencia mayor de delegaciones oficiales de los países, así como empresariales. Sin embargo varios países directamente faltaron a la cita, en tanto que la mayoría enviaron representantes de tercer nivel. Las empresas -salvo algunas brasileñas- ni se dieron por enteradas.
El desarrollo de la conferencia fue tan decepcionante como este comienzo auguraba. Tan bajo fue el nivel de participación y tan poco interés demostraron los participantes que su programación fue recortada y terminó medio día antes de lo previsto.
El primer día fue la "Fase técnica". La mañana fue dedicada a presentaciones a cargo de técnicos de CEPAL y PNUMA, mientras en la tarde se sucedieron una serie de breves discursos de diverso tipo presentados por empresas, organismos internacionales, ONGs, institutos de investigación, etc. La segunda jornada, denominada "Fase Ministerial" -a la que no concurrió ningún ministro salvo los brasileños- estaba dedicada a la discusión política de los documentos técnicos y de la Declaración de Brasilia. Dada la falta de nivel político de la reunión y la evidente ausencia de debate que se preveía, la jornada comenzó con el anuncio oficial que su finalización prevista para las 17:30 se adelantaba a las 13:00
Durante toda esta media jornada solo hubo dos intervenciones políticas a cargo de las delegaciones de Chile (para recordar que la meta era regional y no nacional) y de Venezuela (para que incluyeran las grandes represas entre las renovables). El resto fueron agradecimientos al gobierno brasileño y anuncios de tan prometedores como difusos esfuerzos en pos del desarrollo sustentable y las energías renovables.
Los resultados
La Plataforma de Brasilia sobre Energías Renovables dejó en claro aquello que estaba confuso en el compromiso del año anterior: la meta del 10% se entenderá como regional y no por país. La nueva redacción dice inequívocamente: "...lograr en el año 2010 que la región considerada en su conjunto, utilice la menos un 10% de energías renovables del consumo total energético...". Y por las dudas agrega: "sobre la base de esfuerzos voluntarios y teniendo en cuenta la diversidad de situaciones nacionales"
Considerando que la participación de las fuentes renovables en la matriz energética de América Latina considerada en su conjunto es actualmente mayor del 20%, la meta parece un mal chiste. Si lo que se esperaba de la conferencia era un estímulo a las energías renovables el efecto logrado es exactamente el inverso: ahora la mayoría de los países puede aumentar fuertemente su utilización de combustibles fósiles y aún así estaría cumpliendo con la meta.
Las delegaciones que bregaron (en negociaciones cerradas) por la aclaración específica del alcance de esta meta fueron Argentina y Chile. Vale recordar que Argentina es el país que más comprometida tiene su situación en lo que refiere al uso de fuentes renovables pues estas no llegan ni al 8% de su consumo energético total. Una obligación nacional de llegar al 10% en 2010 ponía a la Argentina en una situación diferente a la de la mayoría de los países de la región.
Tanto los resultados como el desarrollo de la Conferencia muestran a las claras que el tema de las fuentes renovables de energía están lejos de ser un tema de relevancia para nuestros países. A pesar de que la Declaración de Brasilia promete esfuerzos en pos de las energías renovables y mantiene su compromiso con la reunión de Bonn, sus efectos concretos son exactamente los opuestos.
Las razones del fracaso
Las razones esgrimidas generalmente para no adoptar metas de
introducción de energías renovables son: 1) que esto tiene un costo muy elevado, 2) que
para lograr el desarrollo se requiere de energía barata y 3) que las fuentes renovables
aumentarían los costos de producción y las tarifas para los usuarios. A este
razonamiento generalmente se agrega que los problemas ambientales del uso de la energía
lo han ocasionado los países del norte y que por lo tanto son ellos quienes deben
modificar su matriz energética. Los países de América latina -que apenas alcanzan al 5%
de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero- no pueden limitar su desarrollo
por estas razones.
Muy poco de todo esto es demostrable. En primer lugar no es cierto
que la principal razón por la que deban comprometerse a reducir el consumo de
combustibles fósiles sea el efecto invernadero que estos ocasionan. Tanto o más
importante es la contaminación local que esta matriz energética produce como lo
demuestra, por ejemplo, la situación de la grave contaminación del aire que soportan
ciudades como México, San Pablo o Santiago. Cada vez son más los días del año que los
habitantes de estas ciudades son exhortados a quedarse en sus casas, no hacer deportes ni
concurrir a clases debido a los riesgos de enfermedad que la contaminación del aire
acarrea. Sólo en México se calcula que mueren 30 mil personas al año por enfermedades
relacionadas con la contaminación del aire.
Pero esta contaminación del aire local no sólo significa
enfermedades y muertes sino también costos económicos. Los días no trabajados, los
costos derivados de los tratamientos de las enfermedades que la contaminación provoca y
otras externalidades ocasionan un gasto social que los planificadores de la energía nunca
consideran. Sólo para la ciudad de San Pablo y su zona metropolitana, el gasto
hospitalario derivado de las enfermedades provocadas por la contaminación del aire
asciende a 100.000 millones de dólares anuales. En consecuencia, lo que los usuarios no
pagan como costo en las tarifas de la energía lo pagan en las cuotas de sistema privado
de salud o en impuestos para financiar la salud pública.
En segundo lugar, aunque la responsabilidad latinoamericana en el
efecto invernadero sea menor, esto no significa que no se tenga y no se vaya a tener en el
futuro. Hoy esa responsabilidad es del 5% pero esta proporción irá creciendo cada año
de acuerdo a las proyecciones actuales. Se espera que para el año 2035, las emisiones de
gases de efecto invernadero de los países en desarrollo en su conjunto sean mayores que
la del conjunto de los países desarrollados. Pero además los efectos del cambio
climático serán -y son- mayores para los países pobres que para los industrializados
como lo demostró el huracán Mitch de 1998 con una cifra de 9.000 muertos y
pérdidas materiales por 6.000 millones de dólares. En comparación con el decenio de los
sesenta, las pérdidas económicas mundiales por desastres naturales durante el decenio de
los noventa, se multiplicaron casi por nueve. La mayoría de estas catástrofes ocurrieron
en los países en vías de desarrollo. Son nuestros países los que deben estar más
preocupados por el cambio climático, aunque sea para mitigar ese 5% creciente.
Estas razones deberían relativizar al menos la idea de que las
fuentes fósiles resultan más económicas y favorecen el desarrollo de los países
latinoamericanos. Sin embargo, si se mira en perspectiva el futuro de los próximos años,
es evidente que el mundo cambiará su matriz energética hacia fuentes menos contaminantes
y renovables. Básicamente por dos razones: en primer lugar porque los costos de estas
fuentes se están reduciendo rápidamente a medida que la escala de producción aumenta y
la tecnología avanza en la "curva de aprendizaje". En segundo lugar porque las
exigencias internacionales se irán introduciendo para todos los países, a medida que las
predicciones sobre la evolución del cambio climático se hagan cada vez más
evidentes.
Esto quiere decir que para el año 2010, con metas o sin metas, América Latina se verá enfrentada a la necesidad de modificar su matriz energética hacia fuentes renovables. Para esa fecha, otros países habrán desarrollado tecnología, habrán adquirido el "know how" necesario para su implementación y desarrollo y nuestra región habrá perdido el tiempo y los recursos en fuentes fósiles obsoletas.
Mirando el presente, olvidando el futuro
Los gobiernos de América latina han perdido una oportunidad más de
tomarse en serio el tema de las energías renovables. Han concurrido a la conferencia con
funcionarios sin conocimiento ni poder político al interior de los ministerios
responsables de la toma de decisiones y han confeccionado una plataforma llena de lugares
comunes sobre el tema pero absolutamente vacía de contenidos reales y compromisos a
futuro.
Los gobiernos de América latina están mirando los problemas de la
energía y el cambio climático con el corto horizonte del presente pero tomando
decisiones que los condicionarán para los próximos 30 años. En ese tiempo los países
de la región verán como el mundo gira hacia fuentes renovables mientras ellos quedan
atados a inversiones realizadas en fuentes fósiles: termoeléctricas, gasoductos,
refinerías, etc.
El año que viene, la Plataforma de Brasilia será la
"contribución de la Región a la Conferencia Internacional sobre Energías
Renovables" a realizarse en Bonn del 1º al 4 de junio. Una conferencia en que la
Unión Europea volverá a impulsar el incremento del uso de las fuentes renovables. Aún
resta ver los resultados de las reuniones regionales de Africa (Kenia, noviembre) y Asia
(India, primeros meses de 2004). De acuerdo a los antecedentes de las negociaciones en el
marco de la Convención de Cambio Climático, la región africana hará hincapié en la
necesidad de la transferencia de recursos, mientras que Asia se reservará el derecho a
mantener un modelo de desarrollo basado en sus propios combustibles fósiles. Ninguno de
los dos hará una apuesta fuerte orientado al objetivo de la conferencia. Por su parte
Estados Unidos estará formalmente invitado a la reunión de Bonn pero no es esperable
ningún tipo de compromiso de su parte relacionado al aumento de las fuentes renovables de
energía.
América Latina había sido el único aliado de la Unión Europea en este tema durante la cumbre de Johannesburgo. La Plataforma de Brasilia ha dado un paso atrás en este proceso no sólo no comprometiéndose a aumentar su porcentaje de energía renovable sino autorizando a sus países a reducirlo. La Conferencia de Bonn parece estar condenada al fracaso.
Artículo publicado en La Insignia, noviembre 2003.
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