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Los sabores del cafE: comercio justo y consumidor responsable
Diego Martino
Hace un tiempo me encontraba desayunando en “La Cabra Somnolienta” (Sleepless Goat) en la ciudad de Kingston (Canadá), cuando uno de los comensales sorpresivamente le preguntó a la camarera: ¿qué significa eso del comercio justo? La mujer respondió con una frase tan graciosa como reveladora del concepto: “Es igual al café común, pero sin el retrogusto amargo de la explotación.”
Y es así. El “comercio justo” (CJ de aquí en adelante; “fair trade” en inglés) se expresa en redes que comercializan todo tipo de bienes, desde alimentos a muebles, pasando por joyas y vestimenta. Los productos que llevan el sello CJ cuestan un poco más caros. En esas cadenas se priorizan los mercados locales, los pequeños productores y las cooperativas, se incentiva la producción orgánica y la preservación de los recursos naturales, se requiere que se diversifiquen las cosechas para no depender de un monocultivo y se reduce el número de intermediarios. Ese comercio busca ser justo en tanto apunta a que el productor o campesino reciba la mayor proporción posible del precio que paga el consumidor final.
Los mercados del comercio justo
Los productos CJ siguen siendo una pequeña proporción del mercado global; representan el 0.01% del total de exportaciones a nivel mundial. Pero sus ventas han venido creciendo a un ritmo superior al 5% anual. El café es uno de los productos más conocidos dentro de los esquemas de CJ; el crecimiento de ese rubro fue de 91% en el 2003 y del 76% en el 2004 (1). En las naciones europeas donde el café CJ logra las mayores proporciones, representan en Holanda y Suiza alrededor del 3,5% del mercado, y el Reino Unido, donde se registra un rápido crecimiento, el 2,5%. En Estados Unidos, donde se consumen cantidades enormes de café, las opciones CJ sólo representa un 0.5% del total consumido, pero ese país absorbe un 31% de las exportaciones globales de café CJ.
Las cadenas de CJ brindan además estabilidad a los productores. Incluso en plena caída de los precios del café en los mercados mundiales, aquellos vinculados a comercio justo siguen recibiendo $1.26 por libra ($1.41 si además es orgánico), incluso con el precio del mercado a $0.5 por libra (precio menor al costo de producción). Para muchos pequeños productores (que generan el 70% del café mundial), esto significó la diferencia entre abandonar sus tierras para hacinarse en los cinturones de pobreza de las ciudades y lograr mantener la cooperativa y sus beneficios.
Consumo y demanda
Si bien en EE.UU. el 80% de la población es consumidora de café, sólo un mínimo porcentaje es CJ. Las bajas cifras de consumo de CJ tanto en EEUU como en otros mercados hace que la oferta que no se aprovecha debe ser encaminada a los mercados de café convencionales. En 2000 se produjeron 165 millones de libras de café CJ, pero solo se vendieron 30 millones con el sello CJ (2). Por lo tanto, el aumento del consumo CJ es clave para un mayor impacto de esta iniciativa en productores del sur.
En muchas ciudades de California se han pasado reglamentaciones que obligan a que el café comprado por el gobierno sea CJ. Algo similar esta siendo promovido en el parlamento europeo en referencia a productos “ecológicos” (3). El parlamento holandés hace tiempo que solo consume café CJ, la cafetería del Banco Mundial ofrece café CJ, existen propuestas para que todo el café comprado por el gobierno federal estadounidense sea CJ y lentamente algunos congresistas de EEUU están presionando a las cafeterías del congreso que aún no lo han hecho a ofrecer café CJ entre las opciones. Esos legisladores recientemente han destacado el valor simbólico y la necesidad de que el Congreso ofrezca un ejemplo para el resto de la nación (4). Sin embargo, no ha sido el Congreso quien ha causado el mayor impacto en términos de simbolismo sino la pequeña ciudad de Berkeley en California.
El gobierno de la ciudad de Berkeley hace ya tiempo que solo consume café CJ. Pero para algunos ciudadanos esto no era suficiente, y consideraron necesario que la totalidad del café consumido en la ciudad fuera CJ, orgánico o “café sombra” (5). Esa iniciativa se sometió a plebiscito. La reglamentación está dirigida solamente al café servido al público y como toda ley tenía penas por su incumplimiento (100 dólares de multa y hasta 6 meses de prisión).
Durante esa campaña, la Asociación Nacional del Café, la Cámara de Comercio y Starbucks fueron los principales opositores. Starbucks, que representa el 1% del comercio de café en el mundo y tiene ingresos anuales de aproximadamente 2 mil millones de dólares, había sido obligada por los activistas a ofrecer café CJ entre sus productos. Pero esa opción solo representa el 0.5% de sus ventas. Starbucks y los demás opositores a la medida sostienen que se quita libertad de opción, se incrementa el costo del café, se reducirá el consumo y las ganancias de los granjeros, empacadores y comerciantes. Finalmente, el Director de la Cámara de Comercio de Berkeley expresó que ésta medida es anti-libre opción. “Si el café puede restringirse, tendremos también chocolate, carne y vegetales políticamente correctos? No hay forma de pararlo.” En cambio, los promotores de la medida señalan todas las ventajas del CJ, puntualizan que la taza de café cuesta solo un 10% mas al consumidor, estos son solo unos centavos mas, y recuerdan que el gobierno ya ejerce restricciones a la libre opción.
La medida obtuvo un 30% de los votos en el plebiscito y por ende fue derrotada. Cuando consultamos a Rick Young, promotor de la idea, sobre el nivel de consumo de café CJ en la ciudad antes y después de este debate, señaló que seguramente aumento el consumo, aunque debe ser menor al 30% debido a la falta de opciones de café CJ en los cafés de la ciudad.
El papel de los consumidores
Este caso nos lleva a considerar el papel del consumidor en el norte en referencia a los productos que se exportan desde el sur. No existe una gran oposición cuando los gobiernos deciden comprar café CJ en el sentido de sumar una opción más a las existentes. Pero se desatan reacciones negativas cuando se busca imponer el café CJ como único posible en tanto restringiría la “libertad de opción” (léase elegir entre 4 o 5 marcas de café en lugar de una docena).
El consumidor del norte se encuentra completamente alejado de las condiciones y formas de producción en el sur. Un informe sobre actitudes hacia certificación de la madera en EEUU concluyó que el consumidor norteamericano no piensa en la procedencia de la materia prima, la manera en que fue cosechada o si pudiera existir una manera mejor de hacerlo. Los consumidores tienen una mentalidad de “ojos que no ven, corazón que no siente” para con los modos de producción. Además, el bombardeo publicitario diario no informa sobre estos otros aspectos de la producción; un estudio reciente en Canadá revelo que solo el 5% de los avisos televisivos dan algo de información sobre el producto (6). El consumidor del norte puede tener la opción de CJ bajo sus narices e ignorarla.
En este contexto es necesario contemplar no sólo el papel de los consumidores, sino de toda la cadena de producción y las reglas del comercio internacional. En el marco de la Organización Mundial de Comercio es aceptable para un país el imponer restricciones a un producto cuando es nocivo para la salud, pero no lo es basándose en la forma de producción. EEUU considera aceptable imponer restricciones a productos provenientes de naciones que consideran tienen un gobierno “anti-democrático”, pero fomenta la expansión de transnacionales que basan sus ganancias en formas de producción de alto impacto social y ambiental. Es interesante debatir entonces la propuesta de George Monbiot, columnista de The Guardian, quien sugiere que la empresa responsable de la importación de un producto debe demostrar que las formas de producción son éticas. De esta forma el CJ se vuelve obligatorio y las dificultades de certificarlo son trasladadas a la compañía. Si bien esto podría dar lugar a restricciones paraarancelarias por parte de los gobiernos del norte, en vista de las condiciones de producción en el sur es necesario debatir la propuesta.
La encrucijada está entre poner el esfuerzo en fomentar la educación del ciudadano consumidor o restringir el libre comercio. Bajo el régimen neoliberal ninguna es posible ya que los individuos son considerados meros agentes económicos cuya relación con los bienes de consumo no tiene relación con las formas de producción y el libre comercio es la premisa de los tratados de libre comercio.
Notas
1. TransFair USA, 2004 Fair Trade Coffee: Facts and Figures.
2. www.organicconsumers.org
3. Catherine Day 2005. Buying Green: The Crucial Role of Public Authorities. Local Environment 10(2): 201-209
4. http://edworkforce.house.gov/democrats/fairtrade.html
5. El “café sombra” es producido sin talar completamente la selva. Si bien la producción es menor que en los cultivos industriales tiene la ventaja de necesitar sustancialmente menos insumos químicos, mantener una biodiversidad infinitamente mayor y preservar recursos naturales.
6. Hudson, I y Hudson, M 2003. Removing the Veil? Organization & Environment 16(4): 413-430.
D. Martino es geógrafo; investigador en CLAES D3E. Publicado el 11 de mayo de 2005. Se permite la reproducción siempre que se cite la fuente.
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