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TEMAS CLAVE |
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Un ejercicio de aplicación de indicadores de sustentabilidad de diferentes alternativas productivas en los humedales de la laguna Merín Gerardo Evia En 1987 la comisión Brundtland en su informe "Nuestro futuro común" marcó un hito importante, en un intento por introducir un nuevo marco conceptual para el desarrollo que permitiera tomar en cuenta los conflictos entre las necesidades de crecimiento económico y de conservación de la base recursos naturales. Desde ese momento "la sostenibilidad de la agricultura ha ganado considerable espacio en la historia del desarrollo" aunque "subsisten aún amplias discrepancias tanto sobre las definiciones más apropiadas para caracterizarla, como sobre las prioridades y los énfasis que debe darse a cada una de las políticas para alcanzar la sostenibilidad" (Bejarano, 1998). Muchas son las definiciones que han sido propuestas para caracterizar la sustentabilidad, el desarrollo sustentable o la agricultura sustentable. Buena parte de ellas (WCDE 1987; Loyns y McMillan,199(); Nijkamp, Van der Bergh y Soetomon, 1991; Repeüo,1987; TAC / CGIAR; 1989; FAO,1994 - algunas citas se basan en Bejarano 1998) manejan tres aspectos fundamentales que deben ser contemplados para alcanzar el desarrollo sustentable, estos son: (1) Satisfacer las necesidades económicas de la población, (2) Conservar la base de los recursos naturales, (3) Ser socialmente aceptable y (4) Preservar la posibilidad de satisfacer las necesidades de las generaciones futuras. Uno de los problemas que se plantean con el concepto de sustentabilidad es la dificultad de operacionalizar el concepto y definir en la práctica cuáles son las acciones y políticas que contribuyen a la sustentabilidad y que requisitos deben cumplirse. Entre 1991 y 1993 un Grupo de Trabajo Internacional promovido por el International Board for Research and Management (ISBRAM ), en el que participaron la FAO y varias organizaciones internacionales vinculadas al desarrollo agropecuario sustentable desarrollaron un marco conceptual para definir más precisamente el manejo sustentable del territorio (véase Smith y Dumansky 1995). De acuerdo a este marco conceptual, el manejo sustentable del territorio debe cumplir satisfactoria y simultáneamente con los siguientes requisitos: • Mantener o incrementar la producción/servicios (Productividad). • Reducir el riesgo productivo (Segundad). • Proteger la calidad y el potencial de los recursos naturales y prevenir la degradación del suelo y el agua (Protección). • Ser económicamente viable (Viabilidad). • Ser socialmente aceptable (Aceptabilidad). A partir de estos otros objetivos se han indicado una serie de principios que deben guiar las estrategias en desarrollo sustentable. Por ejemplo, desde la perspectiva de la Preservación (Daly ,1990) propone cuatro principios básicos: El principio de la irreversibilidad cero: esto es, reducir a cero las intervenciones acumulativas y los daños irreversibles. El ejemplo por excelencia es el de la biodiversidad debiendo impedirse la extinción de especies animales y vegetales. El principio de la recolección sostenible: las tasas de extracción de recursos deben ser iguales o inferiores a la tasa de regeneración de esos recursos. Ejemplos de ello son el suelo, las especies silvestres y domesticadas, los bosques, las praderas, etc. El principio de la emisión sostenible: las tasas de emisión de recursos deben ser iguales a las capacidades naturales de asimilación de los ecosistemas donde se vuelcan esos residuos. El principio de selección sostenible de tecnologías: se deben favorecer las tecnologías que aumenten la productividad de los recursos, pero asegurando su preservación. Indicadores de sustentabilidad en la agropecuaria Más allá de los diferentes contendidos que se le da al concepto, son igualmente importantes los indicadores que miden y valoran en que medida se cumplen los requisitos antes mencionados. Para ello diversos autores se han ocupado de desarrollar y perfeccionar sistemas de indicadores (por ejemplo Calloso 1991, Hammond y colab., 1995, Lewandowsky 1999, Sarandon. 1999, Smith y Dumansky 1995). En ese sentido (Sarandon, 1998) indica que: "Un indicador es algo que hace claramente perceptible una tendencia o un fenómeno que no es inmediatamente ni fácilmente detectable, y el uso de los mismos permite comprender sin ambigüedades el estado de la sustentabilidad de un agroecosistema o los puntos críticos que ponen en peligro la misma". Los indicadores contribuyen a operativizar el concepto de desarrollo sustentable puesto que en ellos intervienen magnitudes mensurables, lo que permite definir acciones concretas para corregir errores o desviaciones del objetivo deseado. Ahora bien, existen dos aproximaciones cuando se aborda el tema de los indicadores en la agricultura Una está basada en el principio de que los indicadores importantes de sustentabilidad deben ser específicos para cada lugar o región y sistema productivo, es decir depende del contexto específico Por ejemplo es irrelevante medir la perdida de suelo en una región de planicies donde el potencial de erosión es nulo. Otra perspectiva se basa en que los procedimientos para medir la sustentabilidad deben ser los mismos independientemente del contexto. Para el ejemplo mencionado anteriormente, la perdida de suelo es un indicador muy importante siempre, aceptando que el requisito es más fácilmente alcanzable en las zonas planas. Ambas aproximaciones poseen ventajas y desventajas. La primera evita la dificultad de ponerse de acuerdo en un grupo de indicadores de aplicación universal, mientras que su desventaja es la dificultad de utilizar los indicadores locales para comparar resultados entre establecimientos o reglones diferentes. Esta es la fortaleza de la segunda aproximación de indicadores constantes, ya que permite establecer comparaciones entre diferentes establecimientos (Gómez, 1996). Por estas razones para desarrollar y utilizar indicadores es fundamental consensuar una definición de agricultura sustentable, condiciones necesarias y características, definir una escala temporal y espacial adecuada, establecer el contexto y las condiciones iniciales para validar la comparación entre agroecosistemas, precisar los valores o unidades de los indicadores y establecer una ponderación de los indicadores de acuerdo a su confiabilidad. Como ya se menciono los indicadores sirven para evaluar, por ejemplo, en que medida un determinado sistema productivo cumple con los requisitos de sustentabilidad, cuáles son sus puntos críticos y como evoluciona a lo largo del tiempo. Sin embargo, una dificultad adicional se plantea cuando se desea comparar los efectos sobre la sustentabilidad de diferentes alternativas productivas y de política, para compatibilizar objetivos ambientales (bien público) con la necesidad de maximizar los beneficios por los particulares derivados de la utilización de los recursos en el marco del desarrollo sustentable. Un ejemplo claro de esta dificultad es el caso de la declaración de arcas protegidas en tierras privadas en Uruguay.
Para sortear estas dificultades se han desarrollado metodologías denominadas
multicriterio. que ayudan a analizar una realidad teniendo en cuenta varios
objetivos a la vez, de manera de encontrar alternativas satisfactorias desde
distintos puntos de vista. El análisis multicriterio propone establecer
criterios claros acerca de cuales son los indicadores que señalan la
satisfacción de cada objetivo y considerar el éxito relativo con que los alcanza
cada alternativa de decisión (Longo y Tomassim, 1996).
En Uruguay, las planicies de la cuenca de la Laguna Merín son asiento de alrededor del 60% del área de cultivo del arroz, uno de nuestros principales rubros de exportación, pero el área presenta al misino tiempo un rico entramado de ecosistemas, dominado por humedales, asociados a praderas, bosques nativos etc. los que albergan una rica flora y fauna (Evia y Gudynas, 1999). Parte del área de la cuenca está protegida por convenios internacionales (especialmente el Convenio de RAMSAR de protección de zonas húmedas de importancia internacional) y por normas nacionales (Art. 458 Ley 16.170 y Decreto 527/992) que han declarado áreas protegidas sobre las que se aplican restricciones de uso, sobre tierras de particulares con fines de conservación. Existen aproximadamente 55.000 has. ubicadas en las llanuras bajas afectadas como Área Protegida (AP) en la costa de la Laguna Merín en los departamentos de Cerro Largo, Treinta y Tres y Rocha. Las llanuras bajas que bordean la margen occidental de la Laguna Merín corresponden a unidades de paisaje complejas que presentan puntas arenosas, lagunas "guachas", crestas de playa, dunas lagunares y deltas en las desembocaduras de los ríos. Los suelos dominantes corresponden a gleysoles (unidad Laguna Merín). La vegetación característica es de praderas paludosas y uliginosas con pajonales asociados e hidrófila paludosa de alto porte en las zonas más deprimidas. Bordeando las llanuras bajas de la Laguna Merín hacia occidente en casi toda su extensión, se encuentran las llamadas llanuras altas, separadas en forma nítida de las primeras por un escalón de 1 a 4 mts; estas llanuras ocupan una superficie muy importante y se encuentran por encima de los niveles de inundación de la laguna. Los suelos son imperfectamente drenados, de fertilidad natural media a baja y en general con propiedades físicas pobres (Solods, Planosoles y Argisoles) comprendiendo las unidades de suelos (La Charqueada, Rincón de Ramirez y Río Branco). La vegetación natural en las llanuras altas podría definirse como formaciones uliginosas, pradera estival, pajonales y caraguatales. Sin embargo debido a la actividad arrocera imperante en la zona debida a la aptitud natural de los suelos, y la disponibilidad de agua para riego, prácticamente no existen tierras que alguna vez no hayan sido incorporadas a la agricultura, lo que generó extensas modificaciones sobre los ambientes naturales originales. Actualmente, la mayoría de los establecimientos de la zona poseen tierras sobre las llanuras altas y bajas; sobre la zona alta se cultiva arroz, en muchos casos en rotación con mejoramientos forrajeros (praderas con leguminosas en cobertura) complementándose con ganadería extensiva, generalmente cría en la zona baja. Problemas económicos internos y externos determinan un deterioro de la situación de los productores agropecuarios. Una de las estrategias para mejorar el resultado de las empresas agropecuarias es la de aumentar la escala (el área) dedicada al cultivo del arroz como forma de maximizar el uso de las inversiones existentes (infraestructura de riego etc.). Existe disponibilidad de agua para riego de la Laguna Merín y tierras potencialmente aptas dentro del Área Protegida que corresponde a las llanuras bajas, por lo cual los productores presionan para cultivar estas zonas bajas. Ante esta situación se ha planteado una oposición entre una estrategia de uso agropecuario y la necesidad de reducir los impactos ambientales y asegurar medidas de protección específica. Esta oposición ha devenido en conflictos recurrentes. Lamentablemente han prevalecido ese tipo de debates siendo pocos los trabajos que permiten articular los usos productivos con la conservación. Por lo tanto el presente trabajo pretende analizar mediante el uso de indicadores la sustentabilidad de diferentes alternativas productivas en ese contexto con el objetivo de aportar elementos para la toma de decisiones en materia de gestión de las Áreas Protegidas de la Laguna Merín. La política de prohibición de cultivar en las llanuras bajas aplicada por el Estado hasta ahora se utilizaba con el objetivo de conservación de la diversidad biológica; sin embargo hasta el momento, no se había analizado como incidía esa política sobre los demás componentes de la sustentabilidad del sistema productivo-territorial en que se encuentra el Area Protegida.
La alternativa de habilitar parte de las tierras aptas para el cultivo de arroz
en rotación con pasturas, dentro del AP permitiría aumentar la escala de
producción mejorando el ingreso neto, disminuir el periodo de retorno de cultivo
mejorando las rotaciones y maximizar la eficiencia en utilización del recurso
agua disponible en abundancia en el área [1]. Sin embargo esto implicaría un
costo ecológico debido a la pérdida de diversidad biológica por conversión de
ecosistemas en un área crítica. Para intentar contestarlas se identificaron indicadores y se utilizó el método de análisis multicriterio para comparar la sustentabilidad de un sistema de producción característico de esa zona, funcionando con las limitantes actuales en términos de prohibición de expandir el área agrícola sobre la zona baja, con diferentes alternativas que incluyen la posibilidad de incorporar nuevas tierras del Área Protegida para uso agrícola.
Para la realización del análisis se tomaron como base de cálculo los datos de
registros de uso del suelo, productivos y económicos de un establecimiento
ubicado en la región de Planicies del Este con una distribución de suelos
similar a los de un establecimiento tipo de las costas de la laguna. En la tabla 1 se detalla el uso del suelo. Al caso real se lo denominó sistema 1. La rotación agrícola-ganadera básica consiste en 2 años de arroz / 4-5 años de descanso bajo praderas sembradas en cobertura con avión sobre rastrojo. Se utilizan sistemas de laboreo reducido, con laboreos de verano en los que se siembran ocasionalmente verdees de invierno. El arroz se riega con dos levantes electrificados con agua del río Cebollatí. El subsistema ganadero es un ciclo completo con invernada y mantiene una dotación promedio de 0,84 UG/ha. La cría se realiza fundamentalmente en los campos naturales en la zona baja y la recría e invernada en las coberturas y praderas en la zona alta. Metodología de análisis Definición de sustentabilidad adoptada: Medida de la probabilidad de que un uso particular de la tierra permanezca, ecológica, económica y socialmente apropiada para una localidad por un período de tiempo significativo (Smith y Dumansky, 1995). Para la comparación de alternativas se utilizó el método multicriterio adaptado de Alsfag y Werner (1994) según el trabajo de Longo y Tomassini, (1996). Los pasos previstos por la metodología son: (1) Definir los objetivos a ser evaluados y configurar así un sistema de objetivos. (2) Derivar el criterio de medición de o evaluación para el cumplimiento de los objetivos (construcción de indicadores). (3) Medir el cumplimiento de los objetivos para el caso en estudio y armar una matriz de datos. (4) Transformar la expresión medida en una expresión de valor y armar una matriz de valores. (5) Ponderar el valor y registrarlo en nueva matriz, que incluya los objetivos con las ponderaciones alcanzadas de acuerdo con el sistema de valores de utilidad parcial. Se arma así una matriz de utilidad parcial. (6) Agregar el valor de utilidad parcial al valor de utilidad total de los objetivos considerados como acciones y decisiones alternativas. Sistema de objetivos Para la selección de indicadores que permitan comparar las diferentes alternativas se tomaron en cuenta los objetivos definidos por el IWG (Dumansky y Smith, 1993) según fueron detallados más arriba, como requisitos de sustentabilidad, a saber: Productividad, Seguridad, Protección, Viabilidad y Aceptabilidad. Indicadores seleccionados Se identificaron como indicadores de sustentabilidad relevantes a ser evaluados para el cumplimiento de los objetivos anteriores los siguientes: Objetivo económico: Como indicador de la viabilidad económica a ser comparado se tomó el resultado o ingreso neto proyectado para cada una de las alternativas. Los valores se expresan en dólares americanos por hectárea/año referidos a las Has. totales de superficie útil. Se asume que el escenario de precios de insumos y productos se mantiene constante a lo largo del tiempo. Los precios de producto corresponden a los precios de venta del caso real para el ejercicio 96/97 (US$ 10,13/bolsa de arroz de 50 kg) y (US$ 0,68/ kg de carne en pie). Para la proyección de las distintas alternativas se tomó como base el margen bruto por ha. de la actividad arrocera obtenido en el caso real, (US$ 651/ha) correspondiente al ejercicio 96/97) } los valores de márgenes brutos de producción de carne por ha. de establecimientos de la zona con similares proporciones de campo mejorado a las de las alternativas proyectadas. Los márgenes brutos por hectárea de ambas actividades se multiplicaron por las hectáreas dedicadas a cada actividad en cada alternativa. A los valores así obtenidos se le descontaron los gastos de estructura más los impuestos. En el caso de las alternativas que implicaban un aumento del área arrocera se descontó un porcentaje adicional por concepto de depreciación de maquinaria en el entendido que el aumento del área arrocera implicaba un incremento de la misma. La depreciación se calculó estimándose el porcentaje adicional en función del porcentaje de aumento del área arrocera. No se consideraron costos financieros adicionales. Cálculo del Ingreso: Se lo calcula a partir de la siguiente fórmula: Ingreso neto = (Margen bruto arroz x has arrozadas + Margen bruto carne x has ganadería) - (Costos fijos + Impuestos + depreciación adicional de maquinaria). Protección de recursos: para la satisfacción de este criterio se considerará la protección del suelo, agua y diversidad biológica. Por tratarse de tierras planas el riesgo de erosión es nulo. Menor intensidad del uso agrícola y mejores rotaciones : este indicador se basa en el supuesto de que rotaciones con mayores períodos de descanso con praderas de leguminosas intercaladas disminuyen el deterioro del suelo permitiendo la incorporación de nitrógeno al mismo y a su vez determina un menor uso de pesticidas (herbicidas y fungicidas fundamentalmente). Dado que la contaminación por herbicidas puede impactar tanto sobre el suelo como sobre el agua, dependiendo del cociente de partición de los productos de degradación de los agro-químicos este parámetro también será un indicador de la protección del recurso agua. Para valorar este indicador se toma la superficie de praderas de 4 o más años de duración como porcentaje de la superficie total que integra la rotación agrícola. Menor conversión de tierras vírgenes: La conversión agrícola de las tierras de las llanuras bajas implica la pérdida de diversidad biológica por desaparición de especies nativas en un área representativa de ecosistemas relictuales para el país. Por lo tanto una mayor superficie de nuevas tierras incorporadas a la rotación implica menor protección de la diversidad biológica. Por otra parte y a pesar que el riesgo de erosión se considera nulo, trabajos realizados comparando la estabilidad estructural de suelos de bañados drenados, cultivados y sin cultivar en el departamento de Rocha (Duran y colab. 1998) indican que la estabilidad estructural de los suelos cultivados sobre bañados drenados es hasta 10 veces inferior a la de los suelos no cultivados. Por lo tanto la menor incorporación de estos bañados a la agricultura también estaría indicando una conservación en el tiempo de la aptitud física del suelo. Habida cuenta que en las zona altas la estructura original de los suelos era bajísima en condiciones naturales (estructura masiva) [2] se asume que la evolución de este indicador en las tierras altas es indiferente. De esta manera este indicador refleja dos aspectos de la protección de recursos conservación de la aptitud física de los suelos y conservación de diversidad biológica. Para valorar este indicador se toma el porcentaje de campo natural que se conserva como tal. En el caso analizado el campo natural correspondería a las tierras de las llanuras bajas que forman parte del área protegida. Productividad Física: Los principales productos del sistema son carne y arroz para valorar este indicador se toman kg totales de arroz y kg totales de carne producidos en los diferentes sistemas. Para el cálculo de los datos productivos se proyectaron los valores de producción obtenidos del caso real. Para la producción de arroz se tomó la producción de 133 bolsas secas de 50 kg por hectárea multiplicándola por las hectáreas que se proyectaban sembrar por año en los diferentes sistemas. Para el caso de la carne se tomó la producción de 88 kg de carne por hectárea producidos en el caso real, asignándose un ficto de 150 kg/ha para la producción sobre mejoramientos y 39Kgs./ha para el campo natural obteniéndose los valores de producción de los distintos sistemas según los diferentes porcentajes de mejoramientos proyectados. A efectos de simplificar los cálculos se eliminó la variable de producción de semilla fina. Riesgo: Para valorar el nesgo productivo se tomó en cuenta el riesgo involucrado en el cultivo de las llanuras bajas por la posibilidad de inundaciones de la Laguna Merín. Los datos se basan en la frecuencia de retorno del 10% de niveles de la Laguna Merín superiores a los 3 m Warthon que son los que determinan la inundación de la llanura baja para el caso considerado (basado en Torres 1998). Esto significa que de acuerdo a los registros históricos es probable que uno de cada 10 años estas llanuras se inunden. Para el cálculo del índice se multiplicó Infrecuencia de 10% por el porcentaje de área inundable integrada a la rotación agrícola en las diferentes alternativas. En este caso el valor del indicador es inverso a lo deseable en términos de sustentabilidad y se tomó en cuenta al realizar las ponderaciones.
Aceptabilidad: Como indicador de aceptabilidad social se toma la
mano de obra ocupada en cada una de las alternativas, expresado como número de
personas empleadas. A los efectos se tomó como dato el promedio de trabajadores
empleados por ha. en la producción de arroz, (1 persona/33 has) no
considerándose como variable el personal dedicado a la ganadería puesto que la
variación es irrelevante en la escala considerada.
Matriz de datos Los datos se obtuvieron de registros históricos del caso real analizado. Se proyectó la evolución del sistema productivo actual (Sistema 1) y se comparó con diferentes alternativas posibles proyectadas hacia el futuro para 10 años. Los sistemas fueron cuatro y se caracterizan como sigue: para los sistemas 2, 3 y 4 se planteó la ampliación del área dedicada al cultivo de arroz incorporando a la rotación agrícola 25,50 y 70% respectivamente de las tierras aptas de las llanuras bajas incluidas consideradas Área Protegida. Por otro lado el sistema 5 implica el aumento del área dedicada al cultivo de arroz intensificando la rotación en la zona alta sin afectar el Área Protegida. En la tabla 1 se presenta el uso de la tierra en las diferentes alternativas propuestas. Con el valor de los indicadores calculado para cada una de las alternativas se elaboró la matriz de datos que se aprecia en la tabla 2. Así se aprecia, por ejemplo, para el indicador de intensidad agrícola que en el sistema 1 un 66% de la superficie que integra la rotación agrícola se encuentra como praderas de 1 a 4 años, de manera que un campo, luego de dos años de arroz, permanece 4 años en descanso como pradera. En el sistema 5 toda la superficie cultivada de arroz necesariamente tiene periodos de descanso menores a cuatro años. Sobre la conservación, en los sistemas 1 y 5 los valores de este indicador son máximos puesto que en ellos se asume una intervención nula sobre los campos de las llanuras bajas. Por el contrario en el Sistema 4 el valor de este indicador es el mínimo por cuanto se conserva solo el 25% de campos naturales. En cuanto al riesgo, los datos indican que este es nulo en el caso de los sistemas 1 y 5 por cuanto en estos no se cultiva sobre las llanuras bajas mientras que este es máximo en el Sistema 4 en el que se cultiva arroz durante mayor tiempo y en mayor área sobre zonas potencialmente inundables. Debe recordarse que el valor del indicador es inverso a lo deseable en términos de sustentabilidad y se tomó en cuenta al realizar las ponderaciones en la matriz de valores. En lo referido a la ocupación de mano de obra, el Sistema 4 presenta los mayores valores por ser el que realiza mayor área de cultivo de arroz en todos los años.
Finalmente respecto a la producción física e ingreso, en la tabla 2 aparecen los
datos de producción de carne, arroz e ingreso neto anual calculados para cada
alternativa según se describió más arriba. Tabla 1. Uso de la tierra en las diferentes alternativas.
Matriz de valores La Tabla 3 contiene la ponderación de los valores de cada columna de la matriz de datos. Para cada variable se le otorgó puntaje 100 a aquel valor que representaba la mejor situación observada. Se le asignó puntaje 0 a la que presentaba la peor ubicación y el resto de los valores se ponderaron respecto a esos dos extremos interpolando. Utilidades parciales y totales En la Tabla 5 se presentan cinco columnas con las utilidades parciales correspondientes a la valoración relativa en el cumplimiento de los diferentes objetivos. Los valores correspondientes a utilidad ecológica se obtuvieron sumando horizontalmente los valores correspondientes a indicadores de rotación y conversión de la matriz de valores, igualando a 100 el valor más alto y a O el más bajo, ponderando entre estos dos extremos los demás valores. Para la producción física se siguió el mismo procedimiento sumando los valores de producción de carne y arroz, según se observa en la Tabla 4. Los demás valores que aparecen en la tabla de utilidades se transcriben de las columnas correspondientes de la matriz de valores.
La columna final de la derecha en la Tabla 5 expresa la utilidad o
sustentabilidad total que resulta para cada una de las alternativas. Para ello
se suman todos los valores de utilidad para cada alternativa y se los promedia.
Entre paréntesis se muestra el lugar que le corresponde a cada una de las
alternativas a modo de "ranking" entre ellas, donde el nivel 1 es la mejor
opción comparado con las otras alternativas. De acuerdo a este criterio puede verse que el Sistema 1 (caso real) resulta rankeado en último lugar a pesar de tener los mejores valores en términos de utilidad ecológica y seguridad, mientras que el Sistema 4 resulta el mejor ubicado pese a presentar la peor valoración de dichas utilidades. El Sistema 5 parecería representar la tendencia a desarrollarse en la zona es el que aparece en penúltimo lugar. Utilidades preferentes En la Tabla 6 se observa como varían las ubicaciones de las diferentes alternativas en el ranking según se asignen criterios de aceptabilidad preferenciales o prioritarios. De esa manera si el productor o la sociedad valoraran el doble el aspecto ecológico, el de seguridad o el económico se puede ordenar de acuerdo a ese criterio; para ello se multiplica por un factor de dos la utilidad parcial deseada, y sumando luego las demás utilidades parciales se las promedia. En este caso se ponderaron doblemente los criterios ecológicos, económicos y de seguridad. Análisis y discusión El Sistema 1 (caso real) resultó último bajo el criterio de indiferencia pero resultó primero bajo el de preferencia ecológica comparado con los demás sistemas. El Sistema 4 resultó primero bajo el criterio de indiferencia y tercero bajo el criterio de preferencia ecológica. Este sistema sería el que implicaría la mayor intervención sobre el área protegida. Bajo el criterio de preferencia a la seguridad el Sistema 2 pasa a ocupar el primer lugar aún que este sistema implica integrar parte de las tierras bajas inundables.
Se destaca como interesante que el Sistema 5, aunque no implica convertir
tierras del área protegida a la agricultura, resulta en último lugar bajo el
criterio de preferencia ecológica y en penúltimo puesto bajo los criterios de
indiferencia y de preferencia económica. De hecho este es sistema que de alguna
manera tiende a generalizarse en el área de influencia como respuesta a la
necesidad de mejorar los resultados económicos de las empresas frente a la
prohibición de incorporar nuevas tierras de la zona baja (Área Protegida). Esto
es incrementar la intensidad del cultivo agrícola en la zona alta con los
impactos ambientales negativos consecuentes.
Desde una perspectiva de desarrollo sustentable. y de acuerdo al resultado de la aplicación de este modelo, parecería al menos razonable, habilitar o permitir la incorporación a la rotación agrícola de parte de las tierras aptas del Área Protegida como forma de mejorar la sustentabilidad. El Sistema 2 que implica la conversión del 25% de campos nuevos parecería ser la mejor alternativa en ese sentido ya que se presenta como segunda mejor alternativa bajo los criterios de indiferencia, preferencia ecológica, preferencia económica y primero cuando se prioriza la seguridad. También presenta buenos valores en cuanto a utilidad social y producción física según los indicadores elegidos. Un aspecto clave que debe considerarse en esta, y las otras opciones es evaluar las posibles consecuencias en materia de extinción de especies ya que si esto fuera así, no se estaría cumpliendo el principio de la irreversibilidad cero. Para ello es necesario avanzar en la investigación sobre áreas mínimas para asegurar la conservación de especies in situ. De lo expuesto se desprende que el modelo utilizado resulta una herramienta interesante para evaluar objetivos y comparar alternativas de manejo permitiendo incorporar aspectos cualitativos en un análisis económico. Se pueden apuntar algunos alcances y limitaciones de la metodología. Los resultados alcanzados dependen totalmente de le criterios elegidos como objetivos de sustentabilidad y particularmente de los criterios usados para medir el cumplimiento de los mismos (indicadores). Parece interesante plantearse cuales serían los resultados si los criterios hubieran sido otros. Tabla 4. Cálculo de la utilidad ecológica y productiva.
La etapa crítica para el planteo de la metodología corresponde a la selección de indicadores. Si el criterio de elección es correcto el modelo puede ser muy útil para la comparación de alternativas. Para que la aplicación del modelo sea exitosa es necesario contar pues con criterios claros de evaluación de objetivos. En general no se cuenta con indicadores unánimemente reconocidos y aceptados para evaluar la sustentabilidad de agroecosistemas y mucho menos en un contexto que involucra Áreas Protegidas con fines de conservar biodiversidad. En ese sentido todos los indicadores usados en este trabajo pueden ser discutidos y cuestionados en su validez. Como ejemplo debe señalarse que no han sido tenidos en cuenta los aspectos vinculados a la variación de precios e insumos a lo largo del tiempo lo cual puede hacer cambiar los términos de los ingresos. El precio del arroz tu el ejercicio considerado (US$ 10,13/bolsa) fue levemente superior al promedio de los últimos 19 años (US$ 9,29 /bolsa). Sin embargo, si se calculan los ingresos a precios sustancialmente inferiores como los de la zafra 98/99 (US$ 6/ bolsa) las posiciones relativas en el ranking no varían cuando se ponderan por igual los indicadores. El indicador para valorar la rotación también podría haber sido otro, por ejemplo años agrícolas en razón de los años totales analizados etc. También debe señalarse que para los cálculos se han hecho algunas extrapolaciones de datos obtenidos en otras regiones o establecimientos que si bien son similares no necesariamente pueden reflejar exactamente la realidad analizada. Lo anterior no hace sino reforzar la necesidad de que los científicos e investigadores acuerden y profundicen en la definición de criterios rigurosos para la realización de este tipo de evaluaciones. Finalmente cabe una reflexión sobre la importancia del uso de estas u otras metodologías, para permitir hacer operativo el concepto de desarrollo sustentable, articulando las políticas de conservación con las de producción. Es imprescindible que cuando nos refiramos a la sustentabilidad de tal o cual actividad, proyecto o política de desarrollo, sepamos a que nos referimos con ello, y podamos así cuantificar y evaluar en qué medida los resultados de nuestras acciones están contribuyendo o no al objetivo perseguido. Por lo tanto para que esas discusiones se muevan más allá de las meras opiniones son indispensables los aportes de los indicadores. Agradecimientos. Agradezco especialmente al Ing. Agr. Alfredo Altamirano (MGAP), por sus aportes sobre la temática vinculada a suelos; a Eduardo Gudynas, por sus aportes y comentarios generales y al Ing. Agr. Santiago J. Sarandon (Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales de la Universidad de la Plata) por sus comentarios y valoración del trabajo como aprobación del curso "Evaluación de Sustentabilidad en Agroecosistemas". organizado por la Unidad de Educación Permanente y Posgrados de la Facultad de Agronomía con el aval institucional del Nova Scotia Agricultural College y el patrocinio de la AUCC (Association of Universi-ties and Colleges of Canadá) Una nueva versión revisada se realizó como parte del proyecto sobre Agropecuaria y Ecología realizado por CLAES con apoyo de la Embajada Británica Las opiniones vertidas en este trabajo son las del autor y no necesariamente reflejan las de las instituciones en que se desempeña.
Anónimo. 2000. Informe de Mercado Revista Arroz. N° 21: 2-6. Bejarano, J. A. 1998. Un Marco Institucional para la gestión del medio ambiente y para la sostenibilidad agrícola en Agricultura, Medio Ambiente y Pobreza Rural en América Latina. IFPR1-BID, Washington D.C. Daly, H E. 1990. Operational principies for sustainable development. Ecological Economics, 2(1): 1-6. Duran, A, Silva y A. Ruiz. 1998. Impacto productivo del cultivo de arroz sobre suelos de bañados. Productividad y Conservación. Documentos de Trabajo, No 16. Probides y Facultad de Agronomía, Montevideo. Evia, G. y Gudynas E. 2000. Ecología del Paisaje en Uruguay-Aportes para la Conservación de la Diversidad Biológica. DINAMA. AECI y Junta de Andalucía. Sevilla. Evia, G. 1996. Marco agrícola productivo del cultivo del arroz en Uruguay. Estudios en Ecología Social. CLAES 4:3-15. Montevideo. Calloso, J. y A. Iroumé 1991. Metodología para estimar la fragilidad de terrenos forestales. Medio Ambiente 11(2): 13-24. Gómez, A. 1996. Measuring Sustainability of Agricultural Systems at the farm Level. Methods for Assessing Soil Quality, SSSA Special Publication 49. Madison. Hammond, A., A. Adriaanse, E. Rodenburg, D. Bryant y R. Woodward, 1995. Environmental indicators. WRI, Washington.
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[1] Debe tenerse en cuenta que
en el contexto nacional el crecimiento del área dedicada al cultivo de arroz
está limitado por la disponibilidad de fuentes de agua para regar nuevas
tierras.
Publicado en Temas Clave No 12, mayo de 2000. CLAES (Centro Latino Americano de
Ecología Social). Se permite la reproducción siempre que se cite la fuente. |
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